Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Donde la caricia pierde el contacto,
yo habito.
Donde la pluma lucha por no desvanecerse,
yo persisto, en los lindes de la locura,
en los páramos dorados, donde
nacen todas tus rosas.
Donde vuelve el viento cálido,
luego de tocarte,
cuando el sol pone roja la cara
y tiñe el firmamento de su vergüenza.
El límite entre tu piel y mis dedos,
es el nuevo horizonte,
y me pierdo en sus ramales,
en su foresta extrema, e inexpugnable,
infinita …y cercana a veces.
Cercana como esas caricias mías,
que queman mis días,
donde arde el recuerdo,
en su fogata infernal.
Me pierdo y me encuentro nuevamente,
sumido en tus rosales,
con todas tus espinas,
con todas tus hojas prendidas.
¡Y que importa todo¡ y que importa nada¡
si para esto he nacido, para mirarte
de lejos y contemplar por las orillas,
donde se cuela la luz de tus mejillas.
Donde nacen los días sin mis ojos,
donde muere la vida en nuestro reposo cansino,
pendiente de otras cosas,
no de las nuestras,
las que nos queman la piel y el alma
como dicen los ojos.
Las cartas son amarillas y escarlata los pensamientos,
la nostalgia como un muelle, revela su nostalgia,
de miles de barcos ,
más tu proa es la añoranza de los maderos que se forjaron,
en tu tardanza.
Donde quedo no existo, donde me pones ,
la huella se marca,
como si te llevara en los brazos…
en nuestra bella existencia de soles australes,
llenos de otoños de otros,
pero la primavera es solo es nuestra.
Para vivirla entera, cuando se disipe la niebla,
que cubre la razón y los cuerpos,
cuando los ojos hablen y declamen
su verdad.
Hay estaremos dos, en medio de todos,
en medio de todo , los dos.
en medio de todo , los dos.
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