Edvar
Poeta fiel al portal
Y al tenerla cerca,
sentí calor quemándome la espalda,
calor que me empujaba.
Y era el aire
que nos separaba,
más denso que la niebla;
y daba vida.
sentí calor quemándome la espalda,
calor que me empujaba.
Y era el aire
que nos separaba,
más denso que la niebla;
y daba vida.
Y a sus manos llegaban las mías;
a su mirada atenta,
mis ojos negros.
¿Cuándo terminó el infierno?
cuando regaláronme sus luceros, el cielo.
a su mirada atenta,
mis ojos negros.
¿Cuándo terminó el infierno?
cuando regaláronme sus luceros, el cielo.
¿Valdrá el tiempo
gastado en cortejos?
gastado en cortejos?
Si fueron mis labios
los que le imprimieron un beso,
que contento me sienta por eso;
pero no estoy seguro...
los que le imprimieron un beso,
que contento me sienta por eso;
pero no estoy seguro...
Sólo sé que habría preferido
morir en ese momento.
Sólo sé que habría deseado
nunca despertar de aquel sueño,
antes, mil veces
quemando el fuego del averno
mis huesos, hubiera muerto.
Pero, ¿quién controla un sueño?
morir en ese momento.
Sólo sé que habría deseado
nunca despertar de aquel sueño,
antes, mil veces
quemando el fuego del averno
mis huesos, hubiera muerto.
Pero, ¿quién controla un sueño?
Pero acabó, en la última oración,
cuando abría los ojos,
en el momento del lloro,
en la hora
del descenso de las flores,
cuando moría el cajon que la cargaba,
cuando se despedía el sol,
en el infinito,
donde se une la tierra con el cielo.
cuando abría los ojos,
en el momento del lloro,
en la hora
del descenso de las flores,
cuando moría el cajon que la cargaba,
cuando se despedía el sol,
en el infinito,
donde se une la tierra con el cielo.