Loco
Poeta fiel al portal
En mi pecho hundido de cristal
una telaraña se dibuja en luz tatuada.
La mañana, llena de prismas, rompe
en cien trozos de papeles sabor ocre
y el calor del frío de un lago de sal.
Mis alas desquebrajadas se extienden
sobre la arena de celulosa del horizonte
el sol sale tímido como un leve roce
esperando con mis ojos tapados la llegada
de mi cuerpo de reflejos, de mi alma deseada.
Se alzan con orgullo roto mis plumas,
sus manos de granito son la espuma
que flotan pesadas en orlas de brisa,
acariciando mi piel de escamas húmedas
que resbala en la marea del tiempo sin prisa
y tu vapor de besos escondidos me llega.
Amanecer desnudo en el mundo,
ser el primer caminante vagabundo
buscando curioso colores y sonidos,
en tu cuerpo de aire y tierra del mío.
En el abismo profundo del miedo compartido,
de despieces de espíritus descentrados,
mi pecho es el faro de mi arduo camino
por hoyar entre cristales rotos
dentro de hogueras de libros prohibidos.
Se caen mis plumones carbonizados,
ya soy otra vez el simple y perfecto humano
que entre las horas tardías de luz de sudor
habla solo ante el espejo de su reflejo.
Ya soy rondador azul profundo,
torpe verde apagado de la luna
que me dicta los sueños por olvidar
en el lago de la resignación del esposado,
a esta tierra de dolor y mentira de palabras
salidas de la boca de la Medusa de la envidia.
En mi pecho crece una flor de pétalos de tinta,
dejando un reguero de borrones por descifrar
en tu corazón de dama de lo imposible,
en las venas de los canales de las esencias
por escanciar en tu interior de fértil semilla.
Ya muero callado y renazco a cada paso
que mi ser deja en el sendero de las ánimas
liberadas de la angustia de la soledad del azufre.
Un corazón bombea de nuevo como tambor
de un mundo por dibujar en tu sueño de perdedor.