Abriendo mis brazos en cruz
de cara al sol
no veo el este ni el oeste,
sólo a ti.
Tras mi espalda,
un camino abierto a machetazos,
anillos gruesos de mi propia vida,
tapados sin amor
ocultando el sur.
Rojo no espera
y el único atisbo de tiempo
tu sombra agigantada marca,
corriéndola con desesperación,
mirando el cielo termino,
trazando rayas entre tu y cientos de astros perdidos,
el mismo horizonte quebrado y vetusto,
que vuelve a dividirme la mirada,
empolvando el alma.
Abandoné mis pisadas,
en soledad resistiendo, solo las tuyas
ya no camino ciego de día,
y por mas que la luna se esfuerce,
mostrando sus mejores gestos,
por la madrugada,
echada menguando,
el norte descubre al pie de mis lágrimas
crecido ahí,
mi desconsuelo.