milagrosa
Poeta recién llegado
En mis caderas de trigo en cosecha
el Sol presuroso se estancó
y de las densas hebras de mis verguenzas
el mar y su vulnerabilidad tomaron poseción.
Algún enclaustrado senderista
partirá con su boca
la clandestinidad de mis amores.
Soy la noche eterna
que suspende los días en el más abrupto ocaso.
Y mis piernas encendidas como hogueras
hacen nudos con las piernas de la naturaleza.
Estas son mis fisonomías
y las derrocho en tus palmas,
en tus ávidas y largas manos,
y en las huellas que dejas en la estéril tierra.
Tú te maravillas
con la metamorfosis de mis orillas
y regresas exahusto del viaje caudaloso
de los abismos de mi cuerpo.
Me vuelvo arcilla húmeda,
poco compacta
y tú cual alfarero
me amoldas en interminables sesiones,
me amoldas a tu cuerpo,
me alargas y me ensanchas,
me desarmas y me creas
cada vez con mayor insistencia.
Yo me deshago entre tus yemas
y me declaro tuya de tu cuerpo,
tuya de tus manos,
tuya de tus dedos de alfarero
y me despido de mí misma
exhortándote a crearme con más firmeza.
Eres el día eterno
que suspende la noche en un abrazo.
Y tus labios precipitándose a la entrega,
emergen de los labios de la naturaleza,
del infinito océano,
de la profundidad de sus aguas
del azul marino de mis deseos.
Exhórtate alfarero
a crearme con más fuerza
desde el infinito de la naturaleza caliente
yaciente entre tus piernas.
GRACIAS POR OPINAR
el Sol presuroso se estancó
y de las densas hebras de mis verguenzas
el mar y su vulnerabilidad tomaron poseción.
Algún enclaustrado senderista
partirá con su boca
la clandestinidad de mis amores.
Soy la noche eterna
que suspende los días en el más abrupto ocaso.
Y mis piernas encendidas como hogueras
hacen nudos con las piernas de la naturaleza.
Estas son mis fisonomías
y las derrocho en tus palmas,
en tus ávidas y largas manos,
y en las huellas que dejas en la estéril tierra.
Tú te maravillas
con la metamorfosis de mis orillas
y regresas exahusto del viaje caudaloso
de los abismos de mi cuerpo.
Me vuelvo arcilla húmeda,
poco compacta
y tú cual alfarero
me amoldas en interminables sesiones,
me amoldas a tu cuerpo,
me alargas y me ensanchas,
me desarmas y me creas
cada vez con mayor insistencia.
Yo me deshago entre tus yemas
y me declaro tuya de tu cuerpo,
tuya de tus manos,
tuya de tus dedos de alfarero
y me despido de mí misma
exhortándote a crearme con más firmeza.
Eres el día eterno
que suspende la noche en un abrazo.
Y tus labios precipitándose a la entrega,
emergen de los labios de la naturaleza,
del infinito océano,
de la profundidad de sus aguas
del azul marino de mis deseos.
Exhórtate alfarero
a crearme con más fuerza
desde el infinito de la naturaleza caliente
yaciente entre tus piernas.
GRACIAS POR OPINAR