Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
Hoy he quitado otra hoja
del calendario
y todo parece que sigue igual,
los días se fueron,
otros vendrán seguro,
para mi espejo no pasa el tiempo
y nunca me miente
cuando a él me asomo,
Pistrakas es un poco más viejo
pero sigue meneando el rabo
cuando le acaricio
y ladrando a la puerta
cuando oye llegar al vecino,
esta casa tiene ciento y pico de años,
en ella vivió y murió mi abuelo
y en ella convivo con mis padres
ya octogenarios,
en las paredes hay retratos
de personas que no he conocido,
la luz de la luna
que entra por las ventanas
es la misma que las visitaba a ellas
hace muchos lustros,
las campanas de la catedral
de San Francisco, justo al lado,
no han parado de sonar durante siglos.
Si, hoy quité la hoja,
muchas cosas seguirán igual,
otras no
porque nosotros dibujamos el futuro
segundo a segundo
de un tiempo que es solo un instante,
único, mortal, irrepetible,
y aunque muchas cosas parece
que están quietas,
todo está en movimiento.
del calendario
y todo parece que sigue igual,
los días se fueron,
otros vendrán seguro,
para mi espejo no pasa el tiempo
y nunca me miente
cuando a él me asomo,
Pistrakas es un poco más viejo
pero sigue meneando el rabo
cuando le acaricio
y ladrando a la puerta
cuando oye llegar al vecino,
esta casa tiene ciento y pico de años,
en ella vivió y murió mi abuelo
y en ella convivo con mis padres
ya octogenarios,
en las paredes hay retratos
de personas que no he conocido,
la luz de la luna
que entra por las ventanas
es la misma que las visitaba a ellas
hace muchos lustros,
las campanas de la catedral
de San Francisco, justo al lado,
no han parado de sonar durante siglos.
Si, hoy quité la hoja,
muchas cosas seguirán igual,
otras no
porque nosotros dibujamos el futuro
segundo a segundo
de un tiempo que es solo un instante,
único, mortal, irrepetible,
y aunque muchas cosas parece
que están quietas,
todo está en movimiento.