Me encanta, querida Ana, el color del sueño por las mañanas. Ese color, con las primeras luces que nos van despertando, en el que se tiñe todo nuestro mundo cotidiano y se viste de esperanzas y deseos...
El mundo soñado es el mundo en el que el aire siempre es fresco, la luz siempre limpia, el agua siempre pura... Por más que percibamos lo real, nos empeñamos -realmente, el cerebro se empeña- en interpretarlo, en filtrárnoslo. Algunos acaban viendo un mundo gris, otros directamente negro, casi ninguno de colores (aunque también los hay)... pero creo que hasta ahora mismo en que lo he leído escrito, nadie lo veía con los colores del sueño.
Pintas de sueño el mundo y ahí dejas construir moradas... Por eso en ella habita quien lo hace en azules huidizos de bocas, en susuros de agua fluyendo y en las caricias de las olas.
Jamás dejarás de sorprenderme. Y eso me encanta.
Mis felicitaciones por el texto.
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Un abrazo enorme a esa costa compartida.