Lord Savile
Poeta recién llegado
- Recuerdo de Oscar Wilde-
Anochece en el frío Londres victoriano
mientras caminas solo junto al río Támesis,
En tu rostro van cayendo los copos de nieve de un ángel
benigno,son las tiernas manos de un querubín que te lanzan besos
de oropel .
Permanece despierto largas horas leyendo y vela por el ilustre
nombre de los poetas del Reino . Se encuentra olvidado en los cielos
de Westminster,observa los pecados de aristócratas y lores
que te critican por ser diferente.
¡No te sientas abatido,vilipendiado y decaído
por querer ser eterno en el arte bello!-exhortaba con
su voz.
¡No consientas que las costumbres dicten
la libertad de ser quien eres!-repetía en un
tono afectuoso.
No le oyes,caminas cada vez más rápido
en la larga noche que marca altas horas
sobre el Big Ben.
La sombra de un dandy atemorizado que apresa sus pecados
se dibuja entre las avenidas repletas de casas hacinadas con chimeneas
echando humo.
Perdido sin rumbo, terminas en Piccadilly Circus,
todo parece un círculo dantesco trazado
por el destino con las puertas del infierno abiertas
para un amante de caer en las tentaciones.
Estás pensativo en un banco
recordando a tus hijos y mujer, la fortuna dilapidada en
Alfred Douglas y las noches
de placer en la suite del hotel Savoy...
Finalmente, el viaje llega a su 30 de Noviembre
de 1900 cuando despiertas
en el versallesco París . Exhalas un último grito
de agonía porque no puedes sentir alivio,el pasado ha
resucitado en tu mente.
¡Monsier Sebastián Melmoth, el mismo Oscar
Wilde ha muerto en la fe cristiana! .
Los campos Elíseos se abren para recibir tu alma
inmortal.
Tus letras las guarda por siempre un querubín llamado
Dorian Gray, un adonis sempiterno
que no fuiste capaz de escuchar .
Vicente Pardo (Lord Savile)
12/09/2017
Valencia
Anochece en el frío Londres victoriano
mientras caminas solo junto al río Támesis,
En tu rostro van cayendo los copos de nieve de un ángel
benigno,son las tiernas manos de un querubín que te lanzan besos
de oropel .
Permanece despierto largas horas leyendo y vela por el ilustre
nombre de los poetas del Reino . Se encuentra olvidado en los cielos
de Westminster,observa los pecados de aristócratas y lores
que te critican por ser diferente.
¡No te sientas abatido,vilipendiado y decaído
por querer ser eterno en el arte bello!-exhortaba con
su voz.
¡No consientas que las costumbres dicten
la libertad de ser quien eres!-repetía en un
tono afectuoso.
No le oyes,caminas cada vez más rápido
en la larga noche que marca altas horas
sobre el Big Ben.
La sombra de un dandy atemorizado que apresa sus pecados
se dibuja entre las avenidas repletas de casas hacinadas con chimeneas
echando humo.
Perdido sin rumbo, terminas en Piccadilly Circus,
todo parece un círculo dantesco trazado
por el destino con las puertas del infierno abiertas
para un amante de caer en las tentaciones.
Estás pensativo en un banco
recordando a tus hijos y mujer, la fortuna dilapidada en
Alfred Douglas y las noches
de placer en la suite del hotel Savoy...
Finalmente, el viaje llega a su 30 de Noviembre
de 1900 cuando despiertas
en el versallesco París . Exhalas un último grito
de agonía porque no puedes sentir alivio,el pasado ha
resucitado en tu mente.
¡Monsier Sebastián Melmoth, el mismo Oscar
Wilde ha muerto en la fe cristiana! .
Los campos Elíseos se abren para recibir tu alma
inmortal.
Tus letras las guarda por siempre un querubín llamado
Dorian Gray, un adonis sempiterno
que no fuiste capaz de escuchar .
Vicente Pardo (Lord Savile)
12/09/2017
Valencia