Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
A manera de Prólogo.
Esta historia ficticia puede no serlo tanto, por las conveniencias históricas y porque el personaje central no es un hombre, es una mujer; y porque en esos tiempos, y aún ahora, las mujeres no califican para heroínas, mucho menos para ser el centro de la historia como las verdaderas autoras de grandes hazañas. También porque esta idea, destruye el mito de la gran conquista, del gran conquistador, y de la gloria de un gran imperio que vino a regocijarse también en este lado del planeta para engrandecer más el título d el monarca en turno, conocido, por ser también señor de estas tierras, como el Rey Sol.
En la consciencia nacional no está clara, ni siquiera se vislumbra, que la conquista de México fue la entrega más absurda, la más estúpida que pudo haberse dado. Más que militar fue una conquista supersticiosa, basada en la encarnación- manipulación de sus propios mito; y aunque muchos lo afirman, talvez no se atreven a declararlo así. Mucha gente se bebe todo lo que la historia convencional, vuelta texto escolar, les fue proporcionado en las escuelas desde pequeños.
Para profanar a la sagrada historia y plantear una posibilidad de algo que pudo haber sido así pero que no se dijo porque no era tiempo para decirlo (y talvez nunca sea el tiempo de decirlo) y porque no hay grandeza en decirlo, mas bien, para ambos pueblos sería una vergüenza. Para los europeos, que haya sido una mujer y no un gran conquistador, como hoy lo creen, el autor intelectual y estratégico de la más grande batalla de estas tierras; y para los otros, siempre ha sido vergüenza y lo seguirá siendo mientras la historia de nuestro país siga presente en las páginas donde se escriben estas cosas, una vergüenza peor que una mujer intrigante y ambiciosa, haya vendido a su pueblo por su ambición muy personal y de paso haya sido burlada. Pero hay una escritura, una huella que sin estar escrita en libros, se lee cotidianamente en los rostros de cada descendiente de aquella raza guerrera que se dejó engañar por sus propios mitos. Cómo es su vida hoy, qué papel desempeña en su sociedad: parias, lumpen, proscritos y marginados en su propia tierra.
Malinche es sinónimo de traidor en México, malinchismo la actitud más pusilánime que un nacional de estas tierras pueda observar y asumir ante un país extranjero.
Permítaseme el ensayo, la literatura, la fantasía, para intentar este improbable propuesta sobre el hecho histórico que nos vio nacer como nación y como raza después de aquellos tiempos. Déseme la licencia de fantasear, pensando que a lo mejor no es mera fantasía, porque a veces la historia, escrita por quienes siempre la escriben es casi siempre una mentira oficial; y yo, simple mortal, solo quiero compartir una idea vieja y loca que ha vivido en mi mente durante mucho tiempo y que a lo mejor en este rincón del mundo cibernético tiene un sitio discreto donde dejarse ver sin que me produzca muchas penas.
Como la voy a crear aquí, me atribuyo el de sí, mio derecho a corregir, reducir, abundar a mi entera conveniencia lo escrito; incluso el de arrepentirme de escribirla y publicarla, y borrarla.
Solo al final, después de un tiempo, talvez la historia quede como la he pensado, si es que llega a un final.
Lo único que pretendo al escribir este tema es divertirme mientras la repienso y comparto.
Mucho pedir es ya, el esperar que ustedes la disfruten, si eso sucede, pues me dará mucha alegría.
Capitulo I
La Palabra.
"Siglo XVI, para Europa el medievo se ha ido diluyendo; para América apenas ha llegado."
"Nuestros dioses han vuelto, están aquí, mirad la balsa que se ha multiplicado, y cómo vuelven ellos con sus trajes como cielos nublados, y el trueno viene consigo, y otros dioses menores desconocidos y poderosos, mirad su gran poder cómo a un solo deseo se transforman como nosotros y dejan sus tronos movibles fieles y veloces como truenos (los caballos), mirad que a cada paso suyo suenan los tambores de su gloria y la tierra se parte bajo sus poderosos pies y los tronos rugen como cuando la ceiba se parte bajo el rayo. Los dioses invisibles han vuelto y nos miran, miradlos, mirad su piel, sus ojos, sus rostros barbados y sus cabellos como el sol.
Ellos vienen como está dicho, como está prometido, ya están aquí, han vuelto, vuestros ojos contemplan los que muchos desearon contemplar Quetzalcoatl y sus ejércitos han regresado y van a recobrar su reino, te miran los dioses y esperan que vengas con ellos, que tu mortalidad se una a su paso y que tu sacrificio en la batalla que se avecina te vuelva parte de su ser, del dios mismo para siempre", no temas morir, ya no es necesario el combate ceremonial para rendir tu sangre en honor de los dioses, ellos están aquí, te miran y cuando se marchen de aquí debes seguir sus pasos", ya no padeceréis hambre, ni sed, ni frío ni enfermedades, ni moriréis, todo eso sucederá cuando Quetzalcoatl recupere su trono allá en Tenochtitlan, nuestra ciudad sagrada.
Los nativos la miran asombrados, embelesados; ella sabe cómo hablar a los de su pueblo, ella es la palabra, Malianalli se llama, viste de blanco y las flores y las grecas bordan los extremos de su indumentaria. Es mujer que tiene educación a pesar de ser esclava, es mujer que se adormece cuando habla, es mujer que flota o parece que flota cuando los ojos la miran y los oídos la escuchan.
Ella es Malianalli Tenépatl, ella es Malitzin, La voz, la palabra. Ella sabe robar el alma, la voluntad, ella sabe encantar al corazón, Tenépatl (la palabra) está ahí, y tras ella, los dioses que vuelven con el trueno en sus manos.
Los nativos auscultan a los dioses, buscan a Quetzalcoatl entre ellos y lo encuentran: gigantesco, rubio como Tonatiuh el Sol, vestido como los demás dioses, con su traje de nube más duro que cualquier roca. Lo señalan.
-¡Es cierto!, gritan, rompen la compostura y rodean a Pedro de Alvarado, lo tocan, son cientos de ellos, Alvarado se pone nervioso quiere ponerse a salvo de la muchedumbre de nativos pero Malianalli en perfecto español, hablando con serenidad le dice que se calme, que no le harán daño, que se muestre fuerte y poderoso. El soldado obedece y se queda quieto, serio, como la intérprete ha dicho, conserva la serenidad y el aplomo. El Capitán, de origen noble pero pobre, se vuelve Dios, y los hombres que lo rodean sienten cómo brota de él el poder de la deidad.
-¡No toquéis a los dioses, podéis morir! ¡Apartaos, adorad desde lejos!, la Malinche, la voz de los dioses habla y su voz en gran autoridad. Lo dice en la lengua nativa, en el Nahuatl que hablan los grandes señores. Tenépatl es la voz de los dioses, la que explica sus misterios, la que entiende su lengua. Solo ella es la elegida, solo ella los puede tocar y hablar con ellos.
-Qué pasa, pregunta un hombre chaparro, de rostro enjuto y torcido.
(La tumba de Cortés esta en el Hospital de Jesús en la ciudad de México, es un mausoleo discreto el que preserva, sin honores de los locales, sus restos. Hecho para un cuerpo más pequeño que mediano; en el Casino Español de la ciudad de México hay un cuadro muy antiguo y bien conservado, de esa época, muestra el rostro enjuto y torcido, apenas disimulado por el generoso pincel que lucha entre maquillar los rasgos evidentes de su cara y volver al personaje alguien muy diferente a quien posa para el retrato, tales comparaciones y observaciones no tienen propósitos ni consideraciones ni connotaciones discriminatorias o raciales, sino las de hacer ver cuán difícil pudo haber sido que a primera vista los nativos lo identificaran con el Dios Quetzalcoatl, de quien se creía que físicamente era un ser rubio, de ojos azules de cabellos dorados y de gran estatura)
-Caminemos -responde ella, ellos nos seguirán, darán sus vidas por nosotros, poneos en marcha ya, si os dilatáis os iréis solos, y solos jamás llegareis ni siquiera a ver con vuestros ojos al cerro que humea (Popocatepetl) y a la princesa que duerme un sueño profundo (Iztaczihuatl). Solos, seréis en pocos días una mancha roja en los cuerpos de nuestro dioses.
¡Marchad ya!
El Capitán ordena a toda la tropa que monte sobre sus cabalgaduras y se ponga en marcha, ellos no pasan de unas centenas de hombres, tras de ellos, van los pueblos seducidos por la palabra de Malianalli, y por la leyenda; son pasos que siguen los pasos de los dioses, así se sienten.
Ella camina al lado de Cortés, siempre a su lado. Él cabalga y ella hace la marcha a pié. Él le pregunta:
-¿les dijiste exactamente lo que te dije que les dijeras para que nos siguieran?
-Sí eso les dije, les dije que veníais en nombre de una poderosa majestad que os ofrecía ser parte de su poderoso reino, que veníais en nombre de una poderosa iglesia que adoraba al hijo verdadero del Dios verdadero, gracias al cual todos podrían alcanzar la vida eterna al morir, que eso les ofrecemos.
Los demás soldados escuchan, él finge que la reprende.
-Y por qué os tardasteis tanto en vuestro discurso.
-Es que la lengua nuestra, mi señor, es larga y corta a la vez cuando tantas cosas tan importantes se tienen que decir juntas.
Y por qué se han acercado al Capitán Alvarado y le han tocado.
-Es que el capitán Alvarado es persona que se asemeja al de una leyenda nuestra.
La marcha continúa por entre la espesa selva septentrional, a cada paso el mito se difunde, "son los dioses que vuelven y van a Tenochtitlan a recuperar su trono", eso dice Malitzin Tenépatl (la palabra) la que viene con ellos y comprende su voz. Se unen, tras ellos las mujeres y los niños, los animales que han de servir de alimento para la gran marcha, hasta allá, donde están todos los lugares sagrados, donde están los más poderosos señores del Anáhuac, ahí mismo donde mora y reina para todos el Cem Anáhuac Huey Tlatoani ( Señor de todos los Anáhuacs) Gobernante de todas estas tierras, que los espera -se dice- para entregarle su trono.
La voz corre entre la selva, llega a todos los confines del Imperio Azteca: "Ellos han vuelto" dicen, es el gran momento nuestro, los dioses han cumplido su palabra, están aquí, han venido a quedarse entre nosotros, ya no padeceremos ni hambre, ni sed, ni frío. Han visto a Quetzalcotal con sus propios ojos, lo han tocado, y él no los ha fulminado como un rayo con todo su poder.
La multitud es impresionante, surgen de todos los caminos, unos suben de las costas y otros bajan de las montañas, los dioses están aquí.
***
Malianalli
Malianalli -dicen- era hija de un cacique de una tribu ordinaria, de las tantas que integraban del Imperio Azteca. Sobre su origen hay pocos datos y los que hay son muy variados, pero se dice que era de noble cuna y que por circunstancias de la vida, guerra o intrigas por la sucesión, pasó a ser esclava de un señor cacique de la zona de Veracruz o Tabasco, su nombre era Tabscoob, o talvez Tabascoo, con eso de que los conquistadores cambiaron tantos nombres autenticos con sus confusiones, y al intentar castellanizarlos.
Pues bien, cuando llegaron los conquistadores a estas tierras, libraron varias batallas, se impusieron a los nativos por la superioridad de sus armas y entre los primeros tributos que recibieron de parte de los vencidos vino la Malinche. Hablaba a la perfección el Náhualt y las lenguas nativas de la región. Al difundirse la noticia de su llegada de seres extraños, desde muy al sur acudieron ante él dos europeos que habían sobrevivido a naufragios de expediciones anteriores. Uno de ellos Jerónimo de Aguilar, dominaba ya los dialectos de la zona, y Cortés descubrió que Malianalli entendía estos y además hablaba Náhuatl, el idioma oficial del Imperio Azteca. Se sirvió de ambos para darse a entender con los locales y los enviados por Moctezuma para saber quienes eran ellos y qué buscaban en estas tierras. La Malinche tenía una gran facilidad para aprender las lenguas y al poco tiempo, Jerónimo de Aguilar resultó innecesario como interprete. A partir de entonces Malianalli fue su traductora en todos sus asuntos. Habla Bernal Díaz del Castillo en su obra, algo sobre su belleza física; al poco tiempo fue tomada por Cortés como su amante o concubina. Y es aquí donde dejamos los formalismos para meternos en el terreno de la mera especulación que gusta tanto en la literatura.
***
Diálogos entre amantes.
Qué platicaban en el lecho...
Las mujeres siempre quieren saberlo todo. ¿Quién eres tú, de dónde vienes?...
Ella pronto se enteró que su Señor no era más que un aventurero común y corriente, esmerado en hacer fortuna y temeroso de su Rey y de todos los tejes y manejes de la gente que intrigaba alrededor del trono. Era, demás de un aventurero un perseguido de la autoridad del Gobernador de Cuba Diego Velázquez quien desconfiaba tanto de él que, antes de partir lo había desconocido como jefe de la expedición que juntos habían fletado para ir en pos de tierras a conquistar, más allá de la isla. Cortés huyó con naves, tripulación y recursos rumbo al lugar que pensaban conquistar.
Por su parte, Cortés, tenía en Malianalli una fuente de información privilegiada que le era exclusiva, personal. Yo supongo que la llenaba de recomendaciones para que no hablara con nadie más. Tanto secretismo despertó la curiosidad en una mente inteligente y audaz.
Ya imagino a Malianalli observando detalladamente los gestos de su amo (era esclava) cuando le hablaba sobre la bravura de los guerreros aztecas. Mentalmente calculaba el poderío de sus armas, y los resultados en perdidas humanas después de cada batalla. Con cuántos hombres, después de largas jornadas podría arribar (¿podría?) a la meseta del Anáhuac, sede del poderoso Imperio Azteca.
¿Quién soy yo?... ¿quién eres tú?, las incógnitas en la mente de la mujer. Yo soy tu esclava: mi realidad y mi futuro; tú eres un aventurero, un sujeto de clase menor en la pétrea estructura social del imperio de donde provenía.
Cómo trascender mi condición social apoyada en la tuya. Su propia realidad le permitía pensar que de la nobleza podía pasar a la esclavitud por circunstancias de la vida; y también, en un golpe de suerte, de la esclavitud podía pasar a la más alta dignidad en una estructura social surgida luego de una batalla capital.
También la Malinche sabía que con esos pocos soldados sería borrado de la faz de la tierra en la primera batalla, pero había una puerta, que él, su amo desconocía: la Leyenda de Quetzalcoatl. No sé si ella haya sido atea como yo, pero, éste con el que fornicaba a fuerzas, por obligación o para sobrevivir no era un Dios, eso lo tenía más que claro, era un hombre. El peso de la leyenda en la que se basaba toda la religión de esas tierras no era de despreciarse. Era complejo suplantar en el imaginario colectivo de los nativos a un ser de poca estatura y de piel no muy blanca, nada atractivo y con un físico que no impresionaba a ninguno de ellos por su fortaleza física, por el Dios Quetzalcoatl.
Si tan solo tuviera la apariencia de Pedro de Alvarado, la leyenda marcharía por sí misma. Pero no, esto era lo que había, y si había algo que construir era a partir de esa realidad.
Luego de mucho sexo, reposando el cansancio, Malianalli le dijo a su señor:
-Yo sé cómo puedes conquistar este imperio sin derramar una sola gota de sangre de tus pocos soldados.
- Y ¿cómo es eso?...
Esa noche y las que siguieron ambos discutieron las probabilidades de éxito del plan de la Malinche.
Era muy bueno. No tenía desperdicio.
continuará...
Esta historia ficticia puede no serlo tanto, por las conveniencias históricas y porque el personaje central no es un hombre, es una mujer; y porque en esos tiempos, y aún ahora, las mujeres no califican para heroínas, mucho menos para ser el centro de la historia como las verdaderas autoras de grandes hazañas. También porque esta idea, destruye el mito de la gran conquista, del gran conquistador, y de la gloria de un gran imperio que vino a regocijarse también en este lado del planeta para engrandecer más el título d el monarca en turno, conocido, por ser también señor de estas tierras, como el Rey Sol.
En la consciencia nacional no está clara, ni siquiera se vislumbra, que la conquista de México fue la entrega más absurda, la más estúpida que pudo haberse dado. Más que militar fue una conquista supersticiosa, basada en la encarnación- manipulación de sus propios mito; y aunque muchos lo afirman, talvez no se atreven a declararlo así. Mucha gente se bebe todo lo que la historia convencional, vuelta texto escolar, les fue proporcionado en las escuelas desde pequeños.
Para profanar a la sagrada historia y plantear una posibilidad de algo que pudo haber sido así pero que no se dijo porque no era tiempo para decirlo (y talvez nunca sea el tiempo de decirlo) y porque no hay grandeza en decirlo, mas bien, para ambos pueblos sería una vergüenza. Para los europeos, que haya sido una mujer y no un gran conquistador, como hoy lo creen, el autor intelectual y estratégico de la más grande batalla de estas tierras; y para los otros, siempre ha sido vergüenza y lo seguirá siendo mientras la historia de nuestro país siga presente en las páginas donde se escriben estas cosas, una vergüenza peor que una mujer intrigante y ambiciosa, haya vendido a su pueblo por su ambición muy personal y de paso haya sido burlada. Pero hay una escritura, una huella que sin estar escrita en libros, se lee cotidianamente en los rostros de cada descendiente de aquella raza guerrera que se dejó engañar por sus propios mitos. Cómo es su vida hoy, qué papel desempeña en su sociedad: parias, lumpen, proscritos y marginados en su propia tierra.
Malinche es sinónimo de traidor en México, malinchismo la actitud más pusilánime que un nacional de estas tierras pueda observar y asumir ante un país extranjero.
Permítaseme el ensayo, la literatura, la fantasía, para intentar este improbable propuesta sobre el hecho histórico que nos vio nacer como nación y como raza después de aquellos tiempos. Déseme la licencia de fantasear, pensando que a lo mejor no es mera fantasía, porque a veces la historia, escrita por quienes siempre la escriben es casi siempre una mentira oficial; y yo, simple mortal, solo quiero compartir una idea vieja y loca que ha vivido en mi mente durante mucho tiempo y que a lo mejor en este rincón del mundo cibernético tiene un sitio discreto donde dejarse ver sin que me produzca muchas penas.
Como la voy a crear aquí, me atribuyo el de sí, mio derecho a corregir, reducir, abundar a mi entera conveniencia lo escrito; incluso el de arrepentirme de escribirla y publicarla, y borrarla.
Solo al final, después de un tiempo, talvez la historia quede como la he pensado, si es que llega a un final.
Lo único que pretendo al escribir este tema es divertirme mientras la repienso y comparto.
Mucho pedir es ya, el esperar que ustedes la disfruten, si eso sucede, pues me dará mucha alegría.
Capitulo I
La Palabra.
"Siglo XVI, para Europa el medievo se ha ido diluyendo; para América apenas ha llegado."
"Nuestros dioses han vuelto, están aquí, mirad la balsa que se ha multiplicado, y cómo vuelven ellos con sus trajes como cielos nublados, y el trueno viene consigo, y otros dioses menores desconocidos y poderosos, mirad su gran poder cómo a un solo deseo se transforman como nosotros y dejan sus tronos movibles fieles y veloces como truenos (los caballos), mirad que a cada paso suyo suenan los tambores de su gloria y la tierra se parte bajo sus poderosos pies y los tronos rugen como cuando la ceiba se parte bajo el rayo. Los dioses invisibles han vuelto y nos miran, miradlos, mirad su piel, sus ojos, sus rostros barbados y sus cabellos como el sol.
Ellos vienen como está dicho, como está prometido, ya están aquí, han vuelto, vuestros ojos contemplan los que muchos desearon contemplar Quetzalcoatl y sus ejércitos han regresado y van a recobrar su reino, te miran los dioses y esperan que vengas con ellos, que tu mortalidad se una a su paso y que tu sacrificio en la batalla que se avecina te vuelva parte de su ser, del dios mismo para siempre", no temas morir, ya no es necesario el combate ceremonial para rendir tu sangre en honor de los dioses, ellos están aquí, te miran y cuando se marchen de aquí debes seguir sus pasos", ya no padeceréis hambre, ni sed, ni frío ni enfermedades, ni moriréis, todo eso sucederá cuando Quetzalcoatl recupere su trono allá en Tenochtitlan, nuestra ciudad sagrada.
Los nativos la miran asombrados, embelesados; ella sabe cómo hablar a los de su pueblo, ella es la palabra, Malianalli se llama, viste de blanco y las flores y las grecas bordan los extremos de su indumentaria. Es mujer que tiene educación a pesar de ser esclava, es mujer que se adormece cuando habla, es mujer que flota o parece que flota cuando los ojos la miran y los oídos la escuchan.
Ella es Malianalli Tenépatl, ella es Malitzin, La voz, la palabra. Ella sabe robar el alma, la voluntad, ella sabe encantar al corazón, Tenépatl (la palabra) está ahí, y tras ella, los dioses que vuelven con el trueno en sus manos.
Los nativos auscultan a los dioses, buscan a Quetzalcoatl entre ellos y lo encuentran: gigantesco, rubio como Tonatiuh el Sol, vestido como los demás dioses, con su traje de nube más duro que cualquier roca. Lo señalan.
-¡Es cierto!, gritan, rompen la compostura y rodean a Pedro de Alvarado, lo tocan, son cientos de ellos, Alvarado se pone nervioso quiere ponerse a salvo de la muchedumbre de nativos pero Malianalli en perfecto español, hablando con serenidad le dice que se calme, que no le harán daño, que se muestre fuerte y poderoso. El soldado obedece y se queda quieto, serio, como la intérprete ha dicho, conserva la serenidad y el aplomo. El Capitán, de origen noble pero pobre, se vuelve Dios, y los hombres que lo rodean sienten cómo brota de él el poder de la deidad.
-¡No toquéis a los dioses, podéis morir! ¡Apartaos, adorad desde lejos!, la Malinche, la voz de los dioses habla y su voz en gran autoridad. Lo dice en la lengua nativa, en el Nahuatl que hablan los grandes señores. Tenépatl es la voz de los dioses, la que explica sus misterios, la que entiende su lengua. Solo ella es la elegida, solo ella los puede tocar y hablar con ellos.
-Qué pasa, pregunta un hombre chaparro, de rostro enjuto y torcido.
(La tumba de Cortés esta en el Hospital de Jesús en la ciudad de México, es un mausoleo discreto el que preserva, sin honores de los locales, sus restos. Hecho para un cuerpo más pequeño que mediano; en el Casino Español de la ciudad de México hay un cuadro muy antiguo y bien conservado, de esa época, muestra el rostro enjuto y torcido, apenas disimulado por el generoso pincel que lucha entre maquillar los rasgos evidentes de su cara y volver al personaje alguien muy diferente a quien posa para el retrato, tales comparaciones y observaciones no tienen propósitos ni consideraciones ni connotaciones discriminatorias o raciales, sino las de hacer ver cuán difícil pudo haber sido que a primera vista los nativos lo identificaran con el Dios Quetzalcoatl, de quien se creía que físicamente era un ser rubio, de ojos azules de cabellos dorados y de gran estatura)
-Caminemos -responde ella, ellos nos seguirán, darán sus vidas por nosotros, poneos en marcha ya, si os dilatáis os iréis solos, y solos jamás llegareis ni siquiera a ver con vuestros ojos al cerro que humea (Popocatepetl) y a la princesa que duerme un sueño profundo (Iztaczihuatl). Solos, seréis en pocos días una mancha roja en los cuerpos de nuestro dioses.
¡Marchad ya!
El Capitán ordena a toda la tropa que monte sobre sus cabalgaduras y se ponga en marcha, ellos no pasan de unas centenas de hombres, tras de ellos, van los pueblos seducidos por la palabra de Malianalli, y por la leyenda; son pasos que siguen los pasos de los dioses, así se sienten.
Ella camina al lado de Cortés, siempre a su lado. Él cabalga y ella hace la marcha a pié. Él le pregunta:
-¿les dijiste exactamente lo que te dije que les dijeras para que nos siguieran?
-Sí eso les dije, les dije que veníais en nombre de una poderosa majestad que os ofrecía ser parte de su poderoso reino, que veníais en nombre de una poderosa iglesia que adoraba al hijo verdadero del Dios verdadero, gracias al cual todos podrían alcanzar la vida eterna al morir, que eso les ofrecemos.
Los demás soldados escuchan, él finge que la reprende.
-Y por qué os tardasteis tanto en vuestro discurso.
-Es que la lengua nuestra, mi señor, es larga y corta a la vez cuando tantas cosas tan importantes se tienen que decir juntas.
Y por qué se han acercado al Capitán Alvarado y le han tocado.
-Es que el capitán Alvarado es persona que se asemeja al de una leyenda nuestra.
La marcha continúa por entre la espesa selva septentrional, a cada paso el mito se difunde, "son los dioses que vuelven y van a Tenochtitlan a recuperar su trono", eso dice Malitzin Tenépatl (la palabra) la que viene con ellos y comprende su voz. Se unen, tras ellos las mujeres y los niños, los animales que han de servir de alimento para la gran marcha, hasta allá, donde están todos los lugares sagrados, donde están los más poderosos señores del Anáhuac, ahí mismo donde mora y reina para todos el Cem Anáhuac Huey Tlatoani ( Señor de todos los Anáhuacs) Gobernante de todas estas tierras, que los espera -se dice- para entregarle su trono.
La voz corre entre la selva, llega a todos los confines del Imperio Azteca: "Ellos han vuelto" dicen, es el gran momento nuestro, los dioses han cumplido su palabra, están aquí, han venido a quedarse entre nosotros, ya no padeceremos ni hambre, ni sed, ni frío. Han visto a Quetzalcotal con sus propios ojos, lo han tocado, y él no los ha fulminado como un rayo con todo su poder.
La multitud es impresionante, surgen de todos los caminos, unos suben de las costas y otros bajan de las montañas, los dioses están aquí.
***
Malianalli
Malianalli -dicen- era hija de un cacique de una tribu ordinaria, de las tantas que integraban del Imperio Azteca. Sobre su origen hay pocos datos y los que hay son muy variados, pero se dice que era de noble cuna y que por circunstancias de la vida, guerra o intrigas por la sucesión, pasó a ser esclava de un señor cacique de la zona de Veracruz o Tabasco, su nombre era Tabscoob, o talvez Tabascoo, con eso de que los conquistadores cambiaron tantos nombres autenticos con sus confusiones, y al intentar castellanizarlos.
Pues bien, cuando llegaron los conquistadores a estas tierras, libraron varias batallas, se impusieron a los nativos por la superioridad de sus armas y entre los primeros tributos que recibieron de parte de los vencidos vino la Malinche. Hablaba a la perfección el Náhualt y las lenguas nativas de la región. Al difundirse la noticia de su llegada de seres extraños, desde muy al sur acudieron ante él dos europeos que habían sobrevivido a naufragios de expediciones anteriores. Uno de ellos Jerónimo de Aguilar, dominaba ya los dialectos de la zona, y Cortés descubrió que Malianalli entendía estos y además hablaba Náhuatl, el idioma oficial del Imperio Azteca. Se sirvió de ambos para darse a entender con los locales y los enviados por Moctezuma para saber quienes eran ellos y qué buscaban en estas tierras. La Malinche tenía una gran facilidad para aprender las lenguas y al poco tiempo, Jerónimo de Aguilar resultó innecesario como interprete. A partir de entonces Malianalli fue su traductora en todos sus asuntos. Habla Bernal Díaz del Castillo en su obra, algo sobre su belleza física; al poco tiempo fue tomada por Cortés como su amante o concubina. Y es aquí donde dejamos los formalismos para meternos en el terreno de la mera especulación que gusta tanto en la literatura.
***
Diálogos entre amantes.
Qué platicaban en el lecho...
Las mujeres siempre quieren saberlo todo. ¿Quién eres tú, de dónde vienes?...
Ella pronto se enteró que su Señor no era más que un aventurero común y corriente, esmerado en hacer fortuna y temeroso de su Rey y de todos los tejes y manejes de la gente que intrigaba alrededor del trono. Era, demás de un aventurero un perseguido de la autoridad del Gobernador de Cuba Diego Velázquez quien desconfiaba tanto de él que, antes de partir lo había desconocido como jefe de la expedición que juntos habían fletado para ir en pos de tierras a conquistar, más allá de la isla. Cortés huyó con naves, tripulación y recursos rumbo al lugar que pensaban conquistar.
Por su parte, Cortés, tenía en Malianalli una fuente de información privilegiada que le era exclusiva, personal. Yo supongo que la llenaba de recomendaciones para que no hablara con nadie más. Tanto secretismo despertó la curiosidad en una mente inteligente y audaz.
Ya imagino a Malianalli observando detalladamente los gestos de su amo (era esclava) cuando le hablaba sobre la bravura de los guerreros aztecas. Mentalmente calculaba el poderío de sus armas, y los resultados en perdidas humanas después de cada batalla. Con cuántos hombres, después de largas jornadas podría arribar (¿podría?) a la meseta del Anáhuac, sede del poderoso Imperio Azteca.
¿Quién soy yo?... ¿quién eres tú?, las incógnitas en la mente de la mujer. Yo soy tu esclava: mi realidad y mi futuro; tú eres un aventurero, un sujeto de clase menor en la pétrea estructura social del imperio de donde provenía.
Cómo trascender mi condición social apoyada en la tuya. Su propia realidad le permitía pensar que de la nobleza podía pasar a la esclavitud por circunstancias de la vida; y también, en un golpe de suerte, de la esclavitud podía pasar a la más alta dignidad en una estructura social surgida luego de una batalla capital.
También la Malinche sabía que con esos pocos soldados sería borrado de la faz de la tierra en la primera batalla, pero había una puerta, que él, su amo desconocía: la Leyenda de Quetzalcoatl. No sé si ella haya sido atea como yo, pero, éste con el que fornicaba a fuerzas, por obligación o para sobrevivir no era un Dios, eso lo tenía más que claro, era un hombre. El peso de la leyenda en la que se basaba toda la religión de esas tierras no era de despreciarse. Era complejo suplantar en el imaginario colectivo de los nativos a un ser de poca estatura y de piel no muy blanca, nada atractivo y con un físico que no impresionaba a ninguno de ellos por su fortaleza física, por el Dios Quetzalcoatl.
Si tan solo tuviera la apariencia de Pedro de Alvarado, la leyenda marcharía por sí misma. Pero no, esto era lo que había, y si había algo que construir era a partir de esa realidad.
Luego de mucho sexo, reposando el cansancio, Malianalli le dijo a su señor:
-Yo sé cómo puedes conquistar este imperio sin derramar una sola gota de sangre de tus pocos soldados.
- Y ¿cómo es eso?...
Esa noche y las que siguieron ambos discutieron las probabilidades de éxito del plan de la Malinche.
Era muy bueno. No tenía desperdicio.
continuará...
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