alicia Pérez Hernández
Poeta que no puede vivir sin el portal
En tierra extraña
Por valles y collados dejé mi alma,
Y buscaba a mi amado y no lo hallaba.
Lloraba mi alma de angustia por él,
y clamaba en la noche volviera a mí,
gritaba y desgarraba mi alma buscándolo tras él.
Los valles callaron, los collados se cerraron,
y mi camino estorbaron.
Agonizaba mi alma en medio de la noche.
Y me fui y desmayé en mi espíritu,
buscando al que sana las almas,
Y mi redención buscaba en el amado mío.
Bajé por caminos no conocidos,
por veredas jamás andadas, y llegué y sentí
pasos tras de mi, me volví y nada había.
Rasgué mi alma clamando perdón,
Y en alas del viento viajé a las alturas,
caí, llanto ya no había.
Había una suave brisa que me envolvió,
que me llenó de paz, sentí su gracia abrazándome,
no me podía mover, el gozo me sustentaba.
Llamé para que me abrieran,
no salio nadie, estaba en tierra extraña...
Los ríos se escuchaban lejos…. Muy lejos,
La luna se había ocultado y sólo había una silueta:
Mi cuerpo inerte, desplazado por el suelo.
Pero ya no había dolor, ni tristeza, ni ansiedad,
Y allí callada, sentí la fuerza de su Espíritu.
Tomándome, levantándome y sanándome.
Con la paz que tanto había anhelado:
Dejándome sentir el fuego de su amor.
[video=youtube;ZKmCB_PctDE]http://www.youtube.com/watch?v=ZKmCB_PctDE&feature=related[/video]
Alicia Pérez Hernández
Por valles y collados dejé mi alma,
Y buscaba a mi amado y no lo hallaba.
Lloraba mi alma de angustia por él,
y clamaba en la noche volviera a mí,
gritaba y desgarraba mi alma buscándolo tras él.
Los valles callaron, los collados se cerraron,
y mi camino estorbaron.
Agonizaba mi alma en medio de la noche.
Y me fui y desmayé en mi espíritu,
buscando al que sana las almas,
Y mi redención buscaba en el amado mío.
Bajé por caminos no conocidos,
por veredas jamás andadas, y llegué y sentí
pasos tras de mi, me volví y nada había.
Rasgué mi alma clamando perdón,
Y en alas del viento viajé a las alturas,
caí, llanto ya no había.
Había una suave brisa que me envolvió,
que me llenó de paz, sentí su gracia abrazándome,
no me podía mover, el gozo me sustentaba.
Llamé para que me abrieran,
no salio nadie, estaba en tierra extraña...
Los ríos se escuchaban lejos…. Muy lejos,
La luna se había ocultado y sólo había una silueta:
Mi cuerpo inerte, desplazado por el suelo.
Pero ya no había dolor, ni tristeza, ni ansiedad,
Y allí callada, sentí la fuerza de su Espíritu.
Tomándome, levantándome y sanándome.
Con la paz que tanto había anhelado:
Dejándome sentir el fuego de su amor.
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Alicia Pérez Hernández
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