Javier Lorenzo
Poeta recién llegado
Desde siempre lo supe
no es el vacío lo que nos llama,
es la cálida luz de una fogata
en el fondo de nuestros miedos.
Nunca sabré decir
si la voz que escuché era la misma
que susurraba cosas en mis oídos
por las noches.
Nunca quise bajar hasta allí,
y sin embargo ya he estado,
límite preciso entre aquello que me perturba
y yo.
Siempre hay una puerta. Y bien,
no siempre es una salida,
a través del tiempo pude ser estrella
y sin embargo, será mi destino,
aquí estoy en cielo nublado
pateando monedas de cobre
y panes duros.
Flashes en la pared oscura
diapositivas con el rostro de mi padre,
de mi casa, de mi silencio,
zarpazos de luz en la memoria
que me pesa sobre los hombros.
La llama se agita desesperada
y se apaga,
todo es oscuridad ahora
solo en medio de este bosque
y alguien me toca el hombro.
no es el vacío lo que nos llama,
es la cálida luz de una fogata
en el fondo de nuestros miedos.
Nunca sabré decir
si la voz que escuché era la misma
que susurraba cosas en mis oídos
por las noches.
Nunca quise bajar hasta allí,
y sin embargo ya he estado,
límite preciso entre aquello que me perturba
y yo.
Siempre hay una puerta. Y bien,
no siempre es una salida,
a través del tiempo pude ser estrella
y sin embargo, será mi destino,
aquí estoy en cielo nublado
pateando monedas de cobre
y panes duros.
Flashes en la pared oscura
diapositivas con el rostro de mi padre,
de mi casa, de mi silencio,
zarpazos de luz en la memoria
que me pesa sobre los hombros.
La llama se agita desesperada
y se apaga,
todo es oscuridad ahora
solo en medio de este bosque
y alguien me toca el hombro.