BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
A veces surges de improviso como una boca de túnel que pretende hablar, hablarme. Silenciosamente, los árboles se esconden en la piel, y transmutan su esencia nocturna en partículas de monos erectos que exhiben sus partes obscenas. Mi cuerpo dobla sus articulaciones, moribundos destellos de azucenas quebrantan las fronteras que yo mismo impongo a tu bella lengua azul de noche. Mi alma se estremece como un eterno filamento que adquiriera de pronto, súbitos resplandores herméticos erosionados por la tierra cubierta de semen y pólenes fósiles.
Fértil tu vida en mí se abre paso como excavando a través de terraplenes y desidias varias, tu vida como un brazo arcaico destroza los espectros invadiendo los despojos de mil buitres entretenidos en bascular sobre plataformas de viento. Y quedo penetrado hondamente, hasta que te sacias, hasta que perforas mi himen destruido por las sobras de tu banquete nupcial.
A veces brotas como un tallo verdoso que trazaras con tu lenguaje de colibrí inquieto, en la noche con diamantes.
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Fértil tu vida en mí se abre paso como excavando a través de terraplenes y desidias varias, tu vida como un brazo arcaico destroza los espectros invadiendo los despojos de mil buitres entretenidos en bascular sobre plataformas de viento. Y quedo penetrado hondamente, hasta que te sacias, hasta que perforas mi himen destruido por las sobras de tu banquete nupcial.
A veces brotas como un tallo verdoso que trazaras con tu lenguaje de colibrí inquieto, en la noche con diamantes.
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