Qalat Chabir
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay unos labios en mis dedos.
Porque contigo tomo en un instante el tiempo abrasado
y respiro hondo para saberte con una sencilla mirada mía.
Y en este largo camino donde te recojo atardecida
como la piel de una lluvia preñada
donde nuestro latido no quiere ser mustio,
amada tú eres tormenta,
azulado clamor vivo e hiriente remolino por mis venas perdidas.
Ya hueles a retama de media tarde,
a mirto y a fruta fresca,
hueles a abeja deshaciéndose
entre mis dedos salpicados de néctar.
Ah! Si después de ti naciera un río infinito,
fresco y caudaloso manantial de formas ancestrales de mujer poderosa,
y amanecieran tus labios rumorosos en los míos vencidos,
perlas o luces que no dejasen en vano este intento
de sanarte y sanarme la vida nuestra,
y darle a mis torpes dedos la satisfacción de reconocer
la carne hermosa de leve estructura
que da rumor y aliento a tu inmaculada boca:
soportal y defensa del diamante que afanosamente ocultas.
Y si morir debo en el intento, mil veces muerto,
en esas dulces aguas donde la luz arrastras;
pero primero contigo quiero,
de día y de noche,
hervir la carne frágil de nuestros cuerpos empapados
con quejidos atrasados y plenos;
y que la música celestial de guirnaldas en fiesta
redoblen cánticos de pájaros y chasquidos de campanas
para mis honradas manos,
raíces por donde renazco una y otra vez para morir luego.
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