jonathan Aquije
Poeta recién llegado
Y fue así que este camino empecé
y no he de negar que
hasta incomprensiones encontré
ya que, por un lado, mi familia me decía
que no era el camino adecuado
y, por otro, mis amigos creían
que en un futuro, no lejano, habría desertado.
Recuerdo que un 19 de marzo al seminario ingresé:
era el día en que se celebraba la solemnidad de san José.
Y aunque no sabía si esta vida era para mi lo indicado,
decidí continuar por el camino que había optado
porque quizá algo pudiera encontrar
para que mi duda pueda cambiar.
Mientras se desarrolló mi vida allí
a través de los años
acontecieron en mí sucesos varios:
desde ayudar a los jóvenes
a descubrir el llamado
y hasta preparar a lo ancianos
su encuentro definitivo con el Padre Amado.
Incluso, algunos, como producto del trato,
me dijeron algunas cosas que quedaron en mi grabado:
¡Sigue adelante que ese es tu camino!
Porque estamos convencidos de que Dios no juega contigo.
O también: ¡Mira qué bien este muchacho habla!
Estamos seguros de que será un buen sacerdote en el mañana.
Sin embargo, a pesar de que estas palabras
demuestren un profundo respeto,
ellos no sabían la procesión que uno llevaba por dentro.
Estas palabras podían ser reconfortantes por el momento,
pero, a pesar de ello, la duda que estaba en mí seguía latiendo.
Dado en Lima, Perú el 17 de febrero al 26 de marzo del 2007
Jonathan Aquije
y no he de negar que
hasta incomprensiones encontré
ya que, por un lado, mi familia me decía
que no era el camino adecuado
y, por otro, mis amigos creían
que en un futuro, no lejano, habría desertado.
Recuerdo que un 19 de marzo al seminario ingresé:
era el día en que se celebraba la solemnidad de san José.
Y aunque no sabía si esta vida era para mi lo indicado,
decidí continuar por el camino que había optado
porque quizá algo pudiera encontrar
para que mi duda pueda cambiar.
Mientras se desarrolló mi vida allí
a través de los años
acontecieron en mí sucesos varios:
desde ayudar a los jóvenes
a descubrir el llamado
y hasta preparar a lo ancianos
su encuentro definitivo con el Padre Amado.
Incluso, algunos, como producto del trato,
me dijeron algunas cosas que quedaron en mi grabado:
¡Sigue adelante que ese es tu camino!
Porque estamos convencidos de que Dios no juega contigo.
O también: ¡Mira qué bien este muchacho habla!
Estamos seguros de que será un buen sacerdote en el mañana.
Sin embargo, a pesar de que estas palabras
demuestren un profundo respeto,
ellos no sabían la procesión que uno llevaba por dentro.
Estas palabras podían ser reconfortantes por el momento,
pero, a pesar de ello, la duda que estaba en mí seguía latiendo.
Dado en Lima, Perú el 17 de febrero al 26 de marzo del 2007
Jonathan Aquije
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