Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Lo nuestro,
semeja un tren con sus dos maquinistas:
A veces, riendo, diriges nuestro convoy tú.
A veces, llorando, te detiene una intriga.
A veces, sereno, tomo el control yo.
A veces, hastiado, me paro en la vida.
Entonces,
con tu férreo impulso, tu fuerza me guía.
A veces, te cansas de mi indecisión.
A veces, si dudas, mi valor te inspira.
A veces, mi alma silva de ilusión.
A veces, me 'atrasa' tu bella sonrisa.
Marchamos,
¡con rumbo preciso y ferviente entusiasmo!
Vagones los sueños, cargando proyectos.
Urgida la marcha por besos y abrazos,
a nuestras estaciones de añorado encuentro.
Cumpliendo anhelosos, fiel itinerario.
Lo bueno de todo;
es que nuestro amor, su señal dignifica.
Nuestro amor, ¡no concibe obstáculos!
E impone barreras a la vil desidia.
Y lo mejor de todo... de todo en su tránsito,
es que nuestro amor, ¡jamás descarrila!
¡Por Dios!
Que este amor, no sufra ningún atentado.
Pues, me arrumbaría si acaso me faltas.
Ya no habría señales para mi entusiasmo
y sería lo nuestro, como un tren fantasma
que a ciertas nostalgias... ¡pasaría clamando!
...
semeja un tren con sus dos maquinistas:
A veces, riendo, diriges nuestro convoy tú.
A veces, llorando, te detiene una intriga.
A veces, sereno, tomo el control yo.
A veces, hastiado, me paro en la vida.
Entonces,
con tu férreo impulso, tu fuerza me guía.
A veces, te cansas de mi indecisión.
A veces, si dudas, mi valor te inspira.
A veces, mi alma silva de ilusión.
A veces, me 'atrasa' tu bella sonrisa.
Marchamos,
¡con rumbo preciso y ferviente entusiasmo!
Vagones los sueños, cargando proyectos.
Urgida la marcha por besos y abrazos,
a nuestras estaciones de añorado encuentro.
Cumpliendo anhelosos, fiel itinerario.
Lo bueno de todo;
es que nuestro amor, su señal dignifica.
Nuestro amor, ¡no concibe obstáculos!
E impone barreras a la vil desidia.
Y lo mejor de todo... de todo en su tránsito,
es que nuestro amor, ¡jamás descarrila!
¡Por Dios!
Que este amor, no sufra ningún atentado.
Pues, me arrumbaría si acaso me faltas.
Ya no habría señales para mi entusiasmo
y sería lo nuestro, como un tren fantasma
que a ciertas nostalgias... ¡pasaría clamando!
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