Alberto Ruiz
Poeta recién llegado
Como un barco se me han ido las tristezas,
Navegando a oscuras, entre olas pérdidas,
Junto a un silencio que nunca cesa
Y que se mantiene constante, recuerdo que se olvida.
Locamente, me he ilusionado
Con verla día a día a cada día,
Y sentir sus manos aprisionadas
Entre lo más íntimo de las mías,
Y me ha hecho respirar de su cuerpo
El delicioso espíritu de las orquídeas.
Me ha hecho sonreír sin que me punze la pena,
Sin que acose el miedo que asesina.
Me ha atado el corazón con mil cadenas,
Aprisionándome tiernamente entre las rejas
Del soñar y desesperarse sin medida.
Me ha inyectado éxtasis entre la venas,
Y en el cerebro, esperanzas de alegrías,
Para que forme parte de mí esa tormenta
De dulzuras, besos, caricias y fantasías.
Me ha hecho arrodillarme hasta el suelo,
Hasta tocar con mis labios la tierra,
Como forma de agradecimiento a Dios
Que me ha vuelto a llenar de vida.
Como una flor se me han marchitado
Toda las heridas,
Y las cicatrices de piedra
Se han convertido en polvo y cenizas,
Polvo y cenizas de las cicatrices y heridas.
Las amarguras se me han endulzado
Apaciblemente como una flor de azucena,
Y los dolores se me han extinguido
Como las llamas de una hoguera,
Y el dolor ha vuelto a retoñar,
Esta vez como hierba buena.
Y ya no queda más dolor
Que con las que el corazón se sacrifica,
Para dar hasta con sangre el amor
Que aquella persona sin saber, excita.