Encadenado a barrotes de aquella celda fría,
Pude pasar las horas más horribles de mi vida;
Atado de pies y manos cual si fuera un criminal,
O como cerdo amarrado a una esquina del corral.
-¿Y sabes por qué? Todo por culpa tuya,
Y la maldita justicia que hacía el humilde se inclina.
Nunca entiendes mis palabras, todo lo tergiversas.
Y a veces te comportas como persona perversa.
Del amor que me has tenido yo nunca lo he dudado,
Pero he hasta maldecido de cuando llegué a tu lado.
Y con fotos, palabras falsas e ideas que no tienen realidad;
Fueron los medios motores y raíz de tu maldad.
Allí, encadenado a barrotes de aquella celda fría;
Nació lo que habita en mí, el odio y el asco inmenso que siento a la policía.
Porque son abusadores, cabrones, hijos de puta;
Y entre seis se entretenían dándole a un pobre diablo una tremenda golpiza.
Nada yo pude hacer mientras tirado en el piso de dolor se retorcía,
Unos le daban patadas mientras otros se reían,
Y sus ojos me miraban como en un grito de auxilio,
Aunque no sabía de mi y de él no conocía.
Era hombre como yo y se encontraba indefenso,
Les grité Quítennos las cadenas y vamos un seis pa dos aunque nos brote la sangre de las venas a borbotones, ¡cantos de perros!
Sólo lo pude ayudar con mil palabras soeces,
A la maldita justicia sus componentes y jueces.
En fin, si algún daño me has causado por error o voluntad.
Todo te lo perdono y trataré de olvidarlo en honor a la verdad;
Pero te juro por Dios que esas horas que pasé, causadas por tu ignorancia,
Jamás te perdonaré, pues no fueron en mi vida; ni aroma, ni fragancia.