Hermoso encadenamiento el tuyo, José Andrea, guardando celosamente en tu alma, el amor una vez entregado y vivido. No obstante, discrepo sobre la posibilidad que el perfume de tu amada, en la piel de otra mujer, te la traiga a la memoria nuevamente. Todo ello porque, el sudor del ser amado, mezclado con el perfume, hace que sea un distintivo único e irrepetible (y sé de qué te hablo, amigo mío).
Un fuerte abrazo...