waldo lopez
Poeta recién llegado
1
La luna pastorea las nubes.
La aguja magnetizada de la brújula
burla liviandades y destellos de cuarzo;
células de infinito.
Norte-Sur
Muerte-Luz
Causa ordenada del caos:
el sueño de Dios.
Piel marcada en candente suplicio
sacrificio de las almas.
Balbuceante albur
al filo del alba.
Ixcehl la luna vieja y desdentada,
la hechicera del cielo,
urge de sembrarse en las sombras
para parir nuevamente
la luz.
2
Una sola semilla
flor de luna.
Al abrir lo ojos
“Dios se desvaneció”.
Dijo el Tata viejo.
3
Trajo el Maíz, atado a su cintura,
otra madrugada muy otra.
De la niebla, como de la roca su figura en agua,
salía desnudándose de vida.
En su mano una mazorca
para que tejiera el futuro de sus hijos
hasta el sexto sol.
4
Todo engargolado a la roca
al reloj de las eternidades.
Rosa de los vientos y ventiscas
al corazón del equinoccio.
Pen Pen
Bailoteando en la palma
de inocente primavera;
juguetona y precoz.
Amuleto de Ixchel.
Mordisco a la calma
donde se duele la noche
y sueña con el sol.
5
De rubor y obsidiana
el puñal de la noche,
para herir con caricia suave
el cuerpo luminoso
que navega en el río.
6
El día nuevo
desviste sus montañas,
harem y festín de los verdes.
Su ropaje de niebla,
bajo la tundra,
brilla de esmeraldas
y el río en su mirada
brinca las comisuras de lo eterno.
La claridad pinta en su pecho
una mañana.
Sopla sobre los grilletes de la noche:
Se abren.
7
El canto de las cañadas
se incendia en el río.
8
Para leer en el viento
el motivo de la palabra.
Lo eterno de todas las cosas
mientras duran.
9
El panal es algarabía
nos enseña el camino.
10
La semilla de maíz
rompió su universo
para hacernos Dios.
¡Qué lejano
lo cercano!
11
Es hora de reacomodar los astros.
La profecía recicla el ciclo: al fuego.
Del precipicio las puntas de flecha,
la chaquira y las plumas
para adornar el bastón de mando
que lucirá la Noche esta noche.
12
Falta lo andado
a muchos andares.
13
Para no fallarle.
¿Qué nos matan
si estamos muertos?
14
De sotoles y borrascas.
De amasijos y mascaradas;
igual los calendarios
nos dan la espalda.
15
Cumple puntual.
Susurra al oído
de la mañana.
Sopla quedo en su cabellera.
La palabra se levanta.
Epílogo
Qué trajines
para ver en el espejo de la noche,
el rostro de la palabra.
Cuando dije una, ella dijo dos.
Cuando dije día, la noche despertó.
Cuando oré náufrago de las encíclicas,
ella se perdió en un callejón pestilente.
Cuando encendí mis recuerdos
para reclamarle sus deslices,
ella se metió en mis carnes; encendió mis venas.
Se olvidó entre mis olvidos.
¿Faltan muchas noches
que no amanece?
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:: Ya sé, me quedo con los tres. ::
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