AIBAEZA
Poeta adicto al portal
No alcanzo a saber de qué manera pudo
la noche oscura robarme el alma,
de qué forma mis ojos se inundaron
de aquella luz. Y encontré un refugio en su mirada,
pasión y ternura en su voz de música y arrullo.
Y cuando al fin despertó mi vida
a la dulce llamada de la suya,
cuando ya un bendito presagio
inundaba todas las estancias
de mi corazón dormido, me abatió
el rayo de la duda constante,
el filo amargo del amor no deseado.
Ahora sueño con la dulzura triste
de las últimas horas vividas, cuando
ya intuía el fin que se cierne inexorable
sobre la ilusión futura que no será.
Y un solo ruego implora, con voz única,
que la luz jamás se apague para él,
que nunca sufra la oscuridad que provoca
la ausencia de los ojos amados.