Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te dejo el desierto, me llevo el oasis
te dejo el quizás, me llevo tu adiós,
te dejo los días en que me soñaste
y me llevo el zaguán donde me besaste
Fingiendo un amor.
Te dejo la pena de no seguir conmigo
me llevo el armario repleto de amor
me llevo las sombras de lo que vivimos
y te dejo otro día, sin luna ni sol.
Me dejo el cuarto menguante
el febrero huérfano del veintinueve
te dejo la corbata donde pintaste
tus labios rojos sobre mis ujieres.
Te dejo La Biblia sin los evangelios
me llevo el milagro de Lázaro
te dejo inversiones de lujo en el infierno
donde eligen los socios que piden perdón.
Me llevo la marca de tus lujurias
y el último intento de amanecer,
te dejo un colchón que huele a culpa
y un incendio de abrazos como coctel.
Te dejo lo que has pedido…
un amor que se marcha y tú sin saber
si el que viene conoce la enciclopedia de gemidos
que escribí con ternura sobre tu piel.
te dejo el quizás, me llevo tu adiós,
te dejo los días en que me soñaste
y me llevo el zaguán donde me besaste
Fingiendo un amor.
Te dejo la pena de no seguir conmigo
me llevo el armario repleto de amor
me llevo las sombras de lo que vivimos
y te dejo otro día, sin luna ni sol.
Me dejo el cuarto menguante
el febrero huérfano del veintinueve
te dejo la corbata donde pintaste
tus labios rojos sobre mis ujieres.
Te dejo La Biblia sin los evangelios
me llevo el milagro de Lázaro
te dejo inversiones de lujo en el infierno
donde eligen los socios que piden perdón.
Me llevo la marca de tus lujurias
y el último intento de amanecer,
te dejo un colchón que huele a culpa
y un incendio de abrazos como coctel.
Te dejo lo que has pedido…
un amor que se marcha y tú sin saber
si el que viene conoce la enciclopedia de gemidos
que escribí con ternura sobre tu piel.
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