Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
En mi nostalgia estoy yerto bajo las penas con las
cuales la vida hiere, fluctuación dolorosa entre
el placer y el lugar donde mi voz sugirió un final apagado.
Existes, sobrevives, eres aquella que profundiza la alegría que
llega repentinamente para desatar la tormenta
a la media noche, cuando llega el deseo a mi cuerpo,
en el bosque ardiente de mi sangre, con el impacto de tu recuerdo.
La imagen que conservo es una ilusión,
pero seguirás siendo la protección cerrada para mi cordura,
seguiré buscándote para sumergir,
en aguas profundas, los malos recuerdos.
Te pienso condensándote de la bruma excitada,
probando otros cuerpos, otra manera de amar,
esperando que, como bola de fuego luminoso,
vuelvas a calentar, paso a paso,
a este pequeño equilibrista que se desplaza en la cuerda floja.
Desapareciste de mi mundo, silencio que se atora entre los dientes,
dejándome sólo el consuelo de saber,
que aunque las hojas caigan, sobreviven las ramas.
Tu ausencia acompaña las angustias interiores y
en sus laberintos me pierdo,
qué camino largo y tortuoso sería encontrar la salida.
En la noche inmensa, en las alas de un viento suave,
con la vela al viento, veo tu barco…
lo seguiré, si puedo, aunque quizás iluso,
tengo la esperanza de encontrarte de nuevo .
cuales la vida hiere, fluctuación dolorosa entre
el placer y el lugar donde mi voz sugirió un final apagado.
Existes, sobrevives, eres aquella que profundiza la alegría que
llega repentinamente para desatar la tormenta
a la media noche, cuando llega el deseo a mi cuerpo,
en el bosque ardiente de mi sangre, con el impacto de tu recuerdo.
La imagen que conservo es una ilusión,
pero seguirás siendo la protección cerrada para mi cordura,
seguiré buscándote para sumergir,
en aguas profundas, los malos recuerdos.
Te pienso condensándote de la bruma excitada,
probando otros cuerpos, otra manera de amar,
esperando que, como bola de fuego luminoso,
vuelvas a calentar, paso a paso,
a este pequeño equilibrista que se desplaza en la cuerda floja.
Desapareciste de mi mundo, silencio que se atora entre los dientes,
dejándome sólo el consuelo de saber,
que aunque las hojas caigan, sobreviven las ramas.
Tu ausencia acompaña las angustias interiores y
en sus laberintos me pierdo,
qué camino largo y tortuoso sería encontrar la salida.
En la noche inmensa, en las alas de un viento suave,
con la vela al viento, veo tu barco…
lo seguiré, si puedo, aunque quizás iluso,
tengo la esperanza de encontrarte de nuevo .
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