Vevero
Poeta reconocida en el portal
Encorvada la espalda,
inclinada hacia la espera,
con la cabeza baja,
aturdida por la ausencia;
me incinero en bosques
de infinita paciencia.
Temores tumorosos anidan
en mis grietas
y esparzo temblorosa
mis cenizas muertas.
Otra vez en el polvo
la primera coherencia
emerjo en hongos grises
mi bendita esencia
y de allí me vuelvo brote
y me descubro una rama
y en la punta de aquella
una hoja derrama
los verdores de mi frente
hacia la mañana.
Entonces, como mariposa,
sin rumbo certero,
con las alas desplegadas
en vuelo me mantengo,
hasta que descubro, altiva,
la humedad de mis huesos
y desciendo furtivamente
hasta el último suelo.
Y no reconozco ya
ni el verdor, ni la rama
Soy una tormenta inerte
que se desgrana.
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