Enrique Romero
Poeta recién llegado
Ahora es de nuevo, la encrucijada.
El mediodía que se deshilvana en la piel
desnuda de una mujer, que tiene en el alma la ternura,
la rebeldía inocente, la salvaje naturaleza del marfil
en sus dientes, el musgo tierno palpando su corazón triste.
Oh! gaviota de otros océanos, estrella de otro infinito,
astro que no es mío y sin embargo embelesa mi noche con su celeste temblor,
fiera que me acorrala, que me desnuda y desgarra;
leona dorada que va acabando con mis pueblos,
boca del fuego inexorable que reduce a ceniza musitante,
todo lo que echó raíces, y floreció en mi selva-poniente.
Ahora eres de nuevo, la encrucijada.
el recuerdo perenne, el ocaso que desnuda mi alma,
el babilónico paraje donde mis ojos se dilatan
y el corazón escupe rencores de desamoríos.
Amor mío, la mañana es hasta que te vayas otra vez, con la aurora,
sin dejar huella de tu pie descalzo, pétalo del ocaso.
Ahora vuelves con tu sonrisa más madura,
con tu cabello exhalando lilas,
con tu corazón más grande y más seco;
vuelves a mí y yo me detengo en el cantil último,
Oh! Despeñadero único de tu amor sin abismo,
y me detengo, y suspiro, y callo, y retrocedo
para abalanzarme, oh! Para abalanzarme
El mediodía que se deshilvana en la piel
desnuda de una mujer, que tiene en el alma la ternura,
la rebeldía inocente, la salvaje naturaleza del marfil
en sus dientes, el musgo tierno palpando su corazón triste.
Oh! gaviota de otros océanos, estrella de otro infinito,
astro que no es mío y sin embargo embelesa mi noche con su celeste temblor,
fiera que me acorrala, que me desnuda y desgarra;
leona dorada que va acabando con mis pueblos,
boca del fuego inexorable que reduce a ceniza musitante,
todo lo que echó raíces, y floreció en mi selva-poniente.
Ahora eres de nuevo, la encrucijada.
el recuerdo perenne, el ocaso que desnuda mi alma,
el babilónico paraje donde mis ojos se dilatan
y el corazón escupe rencores de desamoríos.
Amor mío, la mañana es hasta que te vayas otra vez, con la aurora,
sin dejar huella de tu pie descalzo, pétalo del ocaso.
Ahora vuelves con tu sonrisa más madura,
con tu cabello exhalando lilas,
con tu corazón más grande y más seco;
vuelves a mí y yo me detengo en el cantil último,
Oh! Despeñadero único de tu amor sin abismo,
y me detengo, y suspiro, y callo, y retrocedo
para abalanzarme, oh! Para abalanzarme