Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Rafael Alberti nunca fue a Granada,
Jeorges Brassens no llegó a Carcassonne,
y a mí, que he estado en ambos escenarios,
me incomoda tremendamente ausentarme de mi pequeño país.
"El meu país és tan petit
que quan el sol se'n va a dormir
mai no està prou segur d'haver-lo vist",
cantaba Lluis.
París me llama,
New York me incrimina,
El Caribe podría absolverme por un módico precio.
Pero ¿qué quieren que les diga?
Nací insolvente
y cada día que pasa
me acomodo un poco más a mi situación
y un poco menos tolero
las kilométricas esperas
del que se ausenta.
Tendré que comprarme unas gallinas
y plantar cuatro tomates
para agenciarme de una coartada digna de amparo
y fiel a las horas de riego, piensos
y recogida, o recogimiento, de huevos.
Qué buen encuadre, dicen,
tiene el mundo con una Canon,
y lo rápido que viajan nuestras "WhatsAppvistas";
qué buenas las redes sociales
cuando se pierde la visión y el tacto.
Por mi parte, sigo siendo consciente
de que me regalaron un negocio, y es la vida,
con fecha de caducidad o consumo preferente; y claro,
sigo alimentándola, consumiéndola,
por los aledaños
y sin jet lag.
Jeorges Brassens no llegó a Carcassonne,
y a mí, que he estado en ambos escenarios,
me incomoda tremendamente ausentarme de mi pequeño país.
"El meu país és tan petit
que quan el sol se'n va a dormir
mai no està prou segur d'haver-lo vist",
cantaba Lluis.
París me llama,
New York me incrimina,
El Caribe podría absolverme por un módico precio.
Pero ¿qué quieren que les diga?
Nací insolvente
y cada día que pasa
me acomodo un poco más a mi situación
y un poco menos tolero
las kilométricas esperas
del que se ausenta.
Tendré que comprarme unas gallinas
y plantar cuatro tomates
para agenciarme de una coartada digna de amparo
y fiel a las horas de riego, piensos
y recogida, o recogimiento, de huevos.
Qué buen encuadre, dicen,
tiene el mundo con una Canon,
y lo rápido que viajan nuestras "WhatsAppvistas";
qué buenas las redes sociales
cuando se pierde la visión y el tacto.
Por mi parte, sigo siendo consciente
de que me regalaron un negocio, y es la vida,
con fecha de caducidad o consumo preferente; y claro,
sigo alimentándola, consumiéndola,
por los aledaños
y sin jet lag.