Werther
Poeta recién llegado
- Me asombro toda vez al ver
cuánto vuestra mirada guarda;
por ser tan llena de emociones,
por ser reflejo de su alma
que hasta parezca desbordar
algo más que las meras lágrimas.
Quizás el gozo de la vida
que el corazón radiante canta;
quizás el arte de los sueños
que por nuestros cerebros viaja.
¡ Ah, cuánto yo daría entonces
por ser del corazón su arpa
o de los sueños ser también
el ideal en que se basa!.
- No se sorprenda, mi señor,
si en mi mirada acaso halla
alguna luz en mis pupilas
que a su visión resulte extraña
pues carcelero el corazón,
recluyó el don que ahora amparan
mis ojos libres del secreto
que la mujer virtuosa calla;
y si no sabe qué sentido
tienen acaso mis palabras,
cobre el sentido de mis labios;
es el amor, así le llaman.
- Es una llama que calienta,
es un ardor que acaso embarga,
es el deleite del sentido
que del amor nace en el alma.
¡ Ah, qué dichosos pues mis labios
que ante sabor nuevo se hallan;
sabor que sabe a las delicias
que el corazón ahora planta!.
¡ Ah, de mis manos, qué ventura,
que ya tocaran a la amada;
que ahora sienten de otras manos
el mismo tacto de sus palmas!.
¡ Ah, qué gentil la primavera
por el olor que se dilata
al aire fresco de la acequia
donde las flores nos embriagan!.
¡ Ah, qué deleite en mis oídos
oír amar en las palabras
cuando mi amada me confiesa
que soy señor de cuanto es ama!.
¡ Ah, y qué gozo de mis ojos
es percibir por la mañana
en nuestros cuerpos y en el lecho
la luz del sol alborozada!.
cuánto vuestra mirada guarda;
por ser tan llena de emociones,
por ser reflejo de su alma
que hasta parezca desbordar
algo más que las meras lágrimas.
Quizás el gozo de la vida
que el corazón radiante canta;
quizás el arte de los sueños
que por nuestros cerebros viaja.
¡ Ah, cuánto yo daría entonces
por ser del corazón su arpa
o de los sueños ser también
el ideal en que se basa!.
- No se sorprenda, mi señor,
si en mi mirada acaso halla
alguna luz en mis pupilas
que a su visión resulte extraña
pues carcelero el corazón,
recluyó el don que ahora amparan
mis ojos libres del secreto
que la mujer virtuosa calla;
y si no sabe qué sentido
tienen acaso mis palabras,
cobre el sentido de mis labios;
es el amor, así le llaman.
- Es una llama que calienta,
es un ardor que acaso embarga,
es el deleite del sentido
que del amor nace en el alma.
¡ Ah, qué dichosos pues mis labios
que ante sabor nuevo se hallan;
sabor que sabe a las delicias
que el corazón ahora planta!.
¡ Ah, de mis manos, qué ventura,
que ya tocaran a la amada;
que ahora sienten de otras manos
el mismo tacto de sus palmas!.
¡ Ah, qué gentil la primavera
por el olor que se dilata
al aire fresco de la acequia
donde las flores nos embriagan!.
¡ Ah, qué deleite en mis oídos
oír amar en las palabras
cuando mi amada me confiesa
que soy señor de cuanto es ama!.
¡ Ah, y qué gozo de mis ojos
es percibir por la mañana
en nuestros cuerpos y en el lecho
la luz del sol alborozada!.