Caminabas por la calle
en contoneo incesante.
rompías con la belleza
de los arreboles de la tarde.
Intenté resistir y no pude,
fue del amaranto perfume
que enloqueció mis sentidos
y tras de ti, pasos no contuve.
Acelerado a tu lado me vi,
en disimulo me dispuse
atalayar tu cuerpo
con la emoción de un púber.
Extasiado con celestial sonido
caminaba a tu lado perdido
entre melodías de tacón
en espera de una mirada en redención
Caminabas por la calle,
y como escolta no dejaba de mirarte
cuando de sorpresa tu ritmo cesa
para en eón escuchar de tu voz
¡gracias por la compañía,
me llamo Carmen!.
Ahora, cada tarde
en caminata incesante
en circunloquios
numen de amor nos invade.
Quien habría de saberlo,
nació el amor por las tardes,
todas seguidas de aquella,
llena de arreboles, cuando supe
de dulce voz que se llamaba Carmen.
Sibelius.
en contoneo incesante.
rompías con la belleza
de los arreboles de la tarde.
Intenté resistir y no pude,
fue del amaranto perfume
que enloqueció mis sentidos
y tras de ti, pasos no contuve.
Acelerado a tu lado me vi,
en disimulo me dispuse
atalayar tu cuerpo
con la emoción de un púber.
Extasiado con celestial sonido
caminaba a tu lado perdido
entre melodías de tacón
en espera de una mirada en redención
Caminabas por la calle,
y como escolta no dejaba de mirarte
cuando de sorpresa tu ritmo cesa
para en eón escuchar de tu voz
¡gracias por la compañía,
me llamo Carmen!.
Ahora, cada tarde
en caminata incesante
en circunloquios
numen de amor nos invade.
Quien habría de saberlo,
nació el amor por las tardes,
todas seguidas de aquella,
llena de arreboles, cuando supe
de dulce voz que se llamaba Carmen.
Sibelius.
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