taurus675
Poeta asiduo al portal
Que bella, preciosa, en esta noche te veo,
peco de egoísmo al verte bien acompañada,
mientras yo vivo de mis recuerdos y deseos,
y de muchas lágrimas está mi alma empañada.
Y es que ahora que estoy en soledad y vacío
tengo nostalgias del ayer, y lo deseo hoy conmigo,
añoro aquel amor que tuve en aquel estío;
reverberando sobre el mar, fuiste mi testigo.
Recuerdo con las sombras intocables tu riña,
con aquellas palmeras que cubrían a mi amada,
pues tu manto anhelaba, sobre su piel de niña
para ver, las arcanas partes de mi musa deseada.
Con ella, intrínsecos caminos de pasión viajé,
y titilaban una marejada de estrellas
susurrando muy contentas lo mucho que le amé
y me escucharon prometerle solo cosas bellas.
Mis manos por las sedas de la pasión cubiertas
recorrieron palmo a palmo su cuerpo sin igual,
mis labios sobre su piel dejaron su alma abierta,
y penetré en ella, su amor y su cuerpo virginal.
Ya trémulos de fruición las horas pasaron,
juntos vimos el cielo pintarse de rosicler,
ya solo el silencio y las caricias bastaron
porque yo, ya era su hombre, y ella, mi mujer.
peco de egoísmo al verte bien acompañada,
mientras yo vivo de mis recuerdos y deseos,
y de muchas lágrimas está mi alma empañada.
Y es que ahora que estoy en soledad y vacío
tengo nostalgias del ayer, y lo deseo hoy conmigo,
añoro aquel amor que tuve en aquel estío;
reverberando sobre el mar, fuiste mi testigo.
Recuerdo con las sombras intocables tu riña,
con aquellas palmeras que cubrían a mi amada,
pues tu manto anhelaba, sobre su piel de niña
para ver, las arcanas partes de mi musa deseada.
Con ella, intrínsecos caminos de pasión viajé,
y titilaban una marejada de estrellas
susurrando muy contentas lo mucho que le amé
y me escucharon prometerle solo cosas bellas.
Mis manos por las sedas de la pasión cubiertas
recorrieron palmo a palmo su cuerpo sin igual,
mis labios sobre su piel dejaron su alma abierta,
y penetré en ella, su amor y su cuerpo virginal.
Ya trémulos de fruición las horas pasaron,
juntos vimos el cielo pintarse de rosicler,
ya solo el silencio y las caricias bastaron
porque yo, ya era su hombre, y ella, mi mujer.
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