Amartemisa
Poetisa
Una parada en la quinta estación de la soledad,
una miserable ausencia en la triste esencia del yo,
o del ego o de qué sé yo.
Tus ojos fueron testigos de mi locura,
que no creas, aún dura, pero con sedantes,
y a pesar de todo, sigues ahí y yo sigo aquí,
con un centenar de sonrisas de mona lisa
y unas cuantas copas de falsa libertad.
Pero qué más da si fuimos, somos, o si seremos,
quizá es que ya somos espectros de un sueño.
Ya he dejado de fumar, pero por ti brindaré,
que no sirva de precedente, sólo esta vez
y en pipa, como los grandes, o diferentes,
o qué sé yo, qué sabes tú, si el tiempo corre
con su Ferrari metalizado burlándose
de nuestro modesto seiscientos.
Pues yo me voy a la cama y que lloren otros,
al menos, por esta noche.
A mi amigo Carlos A.
una miserable ausencia en la triste esencia del yo,
o del ego o de qué sé yo.
Tus ojos fueron testigos de mi locura,
que no creas, aún dura, pero con sedantes,
y a pesar de todo, sigues ahí y yo sigo aquí,
con un centenar de sonrisas de mona lisa
y unas cuantas copas de falsa libertad.
Pero qué más da si fuimos, somos, o si seremos,
quizá es que ya somos espectros de un sueño.
Ya he dejado de fumar, pero por ti brindaré,
que no sirva de precedente, sólo esta vez
y en pipa, como los grandes, o diferentes,
o qué sé yo, qué sabes tú, si el tiempo corre
con su Ferrari metalizado burlándose
de nuestro modesto seiscientos.
Pues yo me voy a la cama y que lloren otros,
al menos, por esta noche.
A mi amigo Carlos A.
Última edición:
::