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Endorfina.

Ernst Nietzsche

Poeta recién llegado
Se estremese mi piel sólo de pensar la tuya,
e imagino esa mirada y esa sonrisa y tu voz al hablar
y se eriza mi ser en tremendo frenezi al imaginar esa tu boca
y pienso en ti, y me lleno aún más de emoción, y te veo, y creo soñar.


Ese aroma sutil, tan de ti, tan de abril, que eleva todo lo que soy y lo pone por encima de toda la creación de Dios. Ese rostro que me deja ciego de lo demás, que me traga y me absorbe y no me deja escapar.


Vibra cada parte de mí al encontrar en tu figura la forma perfecta.


¿Cómo no he de creer en Dios si te he visto a ti? Ser divino que es prueba de la trinidad, que eres más santa que cualquier virgen y tan sólo de pensarlo arde en mi la pasión y el deseo de tomar y apretar ese cuerpo tuyo que arde, que me quema y me consume y no me deja vivir más que pensando en ti.


¡Hazme mortal divina criatura!, y dejame ponerme de rodillas ante ti, que he sido atrapado por tu elipse y me quedaré allí, y no podras librarte de mí y seguire detrás de tus pasos besando cada huella tuya.


Liberame de esta hipnosís y dejame existir de nuevo por mí mismo, que sólo de pensar en esos ojos y en esa sonrisa, dejo de ser uno y trino y me pierdo en esta humanidad; María mía, dejame morir, que si pienso un segundo más en ti, no importarán ni el bien ni el mal, ni Dios ni Satanas, nada valdrá ya más que la visión tuya en mi cabeza repitiendo siempre la misma canción.


¿Cómo no he de creer en Dios si te he visto a ti? Ser divino que es prueba de la trinidad, que eres más santa que cualquier virgen y tan sólo de pensarlo arde en mi la pasión y el deseo de tomar y apretar ese cuerpo tuyo que arde, que me quema y me consume y no me deja vivir más que pensando en ti.


¡Hazme mortal divina criatura!, y dejame ponerme de rodillas ante ti, que he sido atrapado por tu elipse y me quedaré allí, y no podras librarte de mí y seguire detrás de tus pasos besando cada huella tuya.


Líbrame de esta hipnosís y dejame existir de nuevo por mí mismo, que sólo de pensar en esos ojos y en esa sonrisa, dejo de ser uno y trino y me pierdo en esta humanidad; María mía, dejame morir, que si pienso un segundo más en ti, no importarán ni el bien ni el mal, ni Dios ni Satanas, nada valdrá ya más que la visión tuya en mi cabeza repitiendo siempre la misma canción.
 
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