wilson yupanqui
Poeta asiduo al portal
Enereida.
Enereida.
Tenía tu cuerpo la forma de las olas
tu cabello el encanto del color de la noche,
tu piel la blancura de la nieve perpetua
y tu alma la ternura sutil de un poema.
A tu paso cadencioso y sereno
las auras matutinas
recogían fragancias
del fresco rocío y de las flores del huerto,
tu voz armoniosa recorría la estancia
en un canto frugal, alegre, travieso.
Enereida, parecen vivos los viejos recuerdos
los días felices que se agolpan a un tiempo,
las blancas casitas , las aves en vuelo
frente al mar coralino de límpido cielo,
las viejas palmeras bamboleándose al viento
en frenética danza de amor y embeleso.
Enereida, cuantas veces regresé
al amainar la lluvia y la tormenta,
cuantas veces regresé y otras tantas
sin que falte por ti en mi semblante, una tristeza,
galopando sobre la espuma de las aguas todas ellas.
Cuantas veces regrese para encontrarte
recorriendo la estancia, la playa coralina,
con tus suaves mejillas, salpicadas y humedecidas,
por el néctar juvenil de tus ojos, lágrimas de alegría
como gotas de lluvia cristalina,
sobre pétalos tersos de rosas coloridas.
Enereida, siempre serás en mi
la dulce muchachita de los ojos tiernos
que Dios sin pretextos arrancó de mi vida,
robando tus sueños de náyades y elfos
dejando un vacío tan grande en mi alma partida.
Enereida, si tus ojitos me mirasen todavía,
aún con el último fulgor de la tarde; que feliz sería.
Mi dulce muchachita de los ojos tiernos,
ojitos soñadores, la vida sin ti, jamás será la misma.
...Descansa en paz hija querida.
Enereida.
Tenía tu cuerpo la forma de las olas
tu cabello el encanto del color de la noche,
tu piel la blancura de la nieve perpetua
y tu alma la ternura sutil de un poema.
A tu paso cadencioso y sereno
las auras matutinas
recogían fragancias
del fresco rocío y de las flores del huerto,
tu voz armoniosa recorría la estancia
en un canto frugal, alegre, travieso.
Enereida, parecen vivos los viejos recuerdos
los días felices que se agolpan a un tiempo,
las blancas casitas , las aves en vuelo
frente al mar coralino de límpido cielo,
las viejas palmeras bamboleándose al viento
en frenética danza de amor y embeleso.
Enereida, cuantas veces regresé
al amainar la lluvia y la tormenta,
cuantas veces regresé y otras tantas
sin que falte por ti en mi semblante, una tristeza,
galopando sobre la espuma de las aguas todas ellas.
Cuantas veces regrese para encontrarte
recorriendo la estancia, la playa coralina,
con tus suaves mejillas, salpicadas y humedecidas,
por el néctar juvenil de tus ojos, lágrimas de alegría
como gotas de lluvia cristalina,
sobre pétalos tersos de rosas coloridas.
Enereida, siempre serás en mi
la dulce muchachita de los ojos tiernos
que Dios sin pretextos arrancó de mi vida,
robando tus sueños de náyades y elfos
dejando un vacío tan grande en mi alma partida.
Enereida, si tus ojitos me mirasen todavía,
aún con el último fulgor de la tarde; que feliz sería.
Mi dulce muchachita de los ojos tiernos,
ojitos soñadores, la vida sin ti, jamás será la misma.
...Descansa en paz hija querida.
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