Mientras el mar exhuma recuerdos
y la noche alarga sus cabellos
reconozco el aroma de sus ojos
en la superficie de mis labios.
Sombras de veranos impúdicos
quieren zurcirse en la serena aguja
de los grillos.
El pálpito de nuestros ombligos
arranca celestes rapsodias de seda.
Lejanas luces cabalgan aún
por los senderos del agua,
extraviadas por caricias saturadas
de espectrales abismos.
Las rosas se alborotan
en el vientre del amanecer
y
todo vuelve a renacer
en la sombra digital
de un Enero que en mi mente
no se puede borrar.
EBAN
Última edición: