Vevero
Poeta reconocida en el portal
Son como doce dedos en empaque
que atestiguan el averno en un bosquejo
de vidas improvisadas y dadas.
Ensayos de un sol renegrido
que fue devorándose
los hijos ajenos y propios
hasta atrofiarse los pies
de tanta mordaz sangría.
Me rezongan los seis de una,
y alegan, con equidad,
los tantos de la otra.
Van y viene sobre letras ciegas
en la confusión de las cerrazones
y el polvo de pavesas sin magia.
Sentenciados a la pena de vivir
en las galeras llenas de lodo y esperma,
cual presas de la belleza
sin otro soplo por alimento
que la palabra y el desaliento.
Meses incrustados en mis manos
acariciando el agua marchita de los días.
Por las grietas que deja el olvido
las heridas se filtran como arenas delicadas
formando playas de dunas memoriosas
donde el verano nos encuentra
tendidos y a la espera, siempre todavía.
Otro enero, fragua su ventura
en el destierro de los parcos días
que se fraguan en voces
más allá de la osadía
y se extiende doce veces
en aletargados almíbares.
Mauricio Villada y Vevero
que atestiguan el averno en un bosquejo
de vidas improvisadas y dadas.
Ensayos de un sol renegrido
que fue devorándose
los hijos ajenos y propios
hasta atrofiarse los pies
de tanta mordaz sangría.
Me rezongan los seis de una,
y alegan, con equidad,
los tantos de la otra.
Van y viene sobre letras ciegas
en la confusión de las cerrazones
y el polvo de pavesas sin magia.
Sentenciados a la pena de vivir
en las galeras llenas de lodo y esperma,
cual presas de la belleza
sin otro soplo por alimento
que la palabra y el desaliento.
Meses incrustados en mis manos
acariciando el agua marchita de los días.
Por las grietas que deja el olvido
las heridas se filtran como arenas delicadas
formando playas de dunas memoriosas
donde el verano nos encuentra
tendidos y a la espera, siempre todavía.
Otro enero, fragua su ventura
en el destierro de los parcos días
que se fraguan en voces
más allá de la osadía
y se extiende doce veces
en aletargados almíbares.
Mauricio Villada y Vevero