Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
De tanto andar, me he quedado sin zapatos.
En mis alforjas solo cargo soledades y
alguno que otro retaso de la vida
en tus brazos.
Eh sentido el frío de los astros cuando me
miran de reojo distantes. Hasta
el sol me niega su abrazo
y la luna su descanso.
Como no haber creído , ¡tu¡ escribiste
mi libro, mis hojas estaban en
blanco.
Que pobre soy y me lamento.
Presumidos los dolores, me acompañan
por este sino.
Fastuosa la soledad
Y encariñada esta la nostalgia.
con migo
Los perros me ignoran y el viento
remolinea ante mi, burlándose.
Vestido y cubierto de engaño
mí sudario tejí..
Y pensé que ese vaso de agua, bebido
cuando moría de sed, haría
mas pequeña la distancia que
me separaba de ti.
El engaño me envilece, amada, soy el perpetrador
he pecado contra tu carne distraída, de mis
palabras de amor.
Has cerrado la puerta y la ventana
y con razón.
Y también tu corazón.
Yo caminare mi pena y me alejaré de ti, buscando
la invernada del tiempo y
dormiré mis noches con los ojos abiertos
esperando los sueños.
Brillar, ya no espero, en tus noches
amada mía, a otros acudiré por consuelo, en
ti solo el anhelo, de rojo lucero
tiñendo los cielos.
En mis alforjas solo cargo soledades y
alguno que otro retaso de la vida
en tus brazos.
Eh sentido el frío de los astros cuando me
miran de reojo distantes. Hasta
el sol me niega su abrazo
y la luna su descanso.
Como no haber creído , ¡tu¡ escribiste
mi libro, mis hojas estaban en
blanco.
Que pobre soy y me lamento.
Presumidos los dolores, me acompañan
por este sino.
Fastuosa la soledad
Y encariñada esta la nostalgia.
con migo
Los perros me ignoran y el viento
remolinea ante mi, burlándose.
Vestido y cubierto de engaño
mí sudario tejí..
Y pensé que ese vaso de agua, bebido
cuando moría de sed, haría
mas pequeña la distancia que
me separaba de ti.
El engaño me envilece, amada, soy el perpetrador
he pecado contra tu carne distraída, de mis
palabras de amor.
Has cerrado la puerta y la ventana
y con razón.
Y también tu corazón.
Yo caminare mi pena y me alejaré de ti, buscando
la invernada del tiempo y
dormiré mis noches con los ojos abiertos
esperando los sueños.
Brillar, ya no espero, en tus noches
amada mía, a otros acudiré por consuelo, en
ti solo el anhelo, de rojo lucero
tiñendo los cielos.