buhita
Poeta asiduo al portal
Niña intimidada en tus labios fenece el tiempo,
suspendes en sumo, latidos de estruendo funesto
e incitas al empíreo a bordar tus sueños furtivos;
cesas el agite inerte del hálito inconsciente
al gozar del ave rapaz de la inmortalidad.
Lo sientes, pero te has pasmado indeleble,
y en tu ijar el aura se vislumbra vehemente
al abominar la desidia que mueve cada idilio.
¡OH Niña! Niña de espíritu, mujer de camino.
¿Por qué doblegas tus tobillos y desistes en el hombrillo?
¿Por qué enajenas tu vida sabiéndola perdida?
Pareces pincelada por el delicado ángel alado,
cuando al desnudar tu alma ante tal existencia
y eximir del pasado tus nocivas vivencias,
reflejas el deleite que ella en ti vierte.
Su voz es un manjar que te hace excluir la gravedad,
es un caudal que suprime de tu piel las impurezas,
es un fino hilo de hielo que toca tu espalda y te estremece en seco,
es el infinito cuyo origen se halla en tu ombligo.
¡OH Niña! Niña de espíritu, mujer de camino.
Reconoce que ante ella tú has sucumbido.
Emerges súbitamente del colapsado Mundo falso;
te disipas, te anulas, te dispersas, te pierdes,
eso infieren las embelecadas piltrafas corrientes
que ignoran la veracidad del paraíso preeminente en tu mente,
ese, que ansías compartir y como eje de su vida difundir.
¡OH Niña! Niña de espíritu, mujer de camino.
Ansías amarla y sepultar imposibilidades en un eterno suspiro.