susodicho
Poeta recién llegado
ENIGMA SOLAR
Sin pausa y para si,
el astro sideral deglute
su magma original
que lo encendiera.
Devaneo de la física
y augurios de la mística
comparten la incerteza
inacabable y se preguntan
por su perennidad
o finitud cercana.
Se ignora del cosmos
que ría con sarcasmo
del crucial interrogante
que desvela a miniaturas
de terráqueos indefensos.
Se presume que lo hace.
Su cuna es la galaxia,
al mismo tiempo
que su prole,
prendida a las ubres
de la vía láctea.
A su esfera roja
viste de amarillo
en astronómico equilibrio
garante de la vida.
Decisivo rector
impone sus designios,
como el verbo liminar
define al signo
de la palabra irrebatible.
Sin pavura ni asomo
de sorpresas inmediatas
aceptamos el albur,
resignados a su suerte.
Nada de pensar
en sombras absolutas
ni en gélidas postrimerías
La inocencia es preferible
al cálculo presunto
del apagón universal.
Mejor la ingenuidad
de aquellos condenados
remotos dinosaurios.
Ellos no lo sabían...
Sin pausa y para si,
el astro sideral deglute
su magma original
que lo encendiera.
Devaneo de la física
y augurios de la mística
comparten la incerteza
inacabable y se preguntan
por su perennidad
o finitud cercana.
Se ignora del cosmos
que ría con sarcasmo
del crucial interrogante
que desvela a miniaturas
de terráqueos indefensos.
Se presume que lo hace.
Su cuna es la galaxia,
al mismo tiempo
que su prole,
prendida a las ubres
de la vía láctea.
A su esfera roja
viste de amarillo
en astronómico equilibrio
garante de la vida.
Decisivo rector
impone sus designios,
como el verbo liminar
define al signo
de la palabra irrebatible.
Sin pavura ni asomo
de sorpresas inmediatas
aceptamos el albur,
resignados a su suerte.
Nada de pensar
en sombras absolutas
ni en gélidas postrimerías
La inocencia es preferible
al cálculo presunto
del apagón universal.
Mejor la ingenuidad
de aquellos condenados
remotos dinosaurios.
Ellos no lo sabían...
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