manumalversación
Poeta fiel al portal
Tener
la sangre preparada para arder
no es obra del diablo de arlequín.
Más vale que me vista por los pies
pero no encuentro ese otro calcetín.
Volver
a ser un vagabundo al discernir
compensa no escuchar el cascabel,
recordaré olvidarme del clarín
para hacer de esta farsa mi mantel.
Beber
colores de las frutas del dintel
me ayuda a soportarme junto a mí,
es fácil entender cada plantel,
me puede dar para sobrevivir.
Deber
lunares que te quieran perseguir
por las alcantarillas de la sed
es otro canto que no tiene fin,
harto de llevar la misma piel.
Querer
es suficiente sólo porque sí,
los osos no se aburren de la miel,
la miel que desconoce que, en abril,
su sueño se propaga en un burdel.
Correr
en contra de algún viento coronel,
de ejércitos, de brisas, de marfil,
supone estar robando un oropel
que nunca nadie quiso para sí.
Caer
tan alto y no alcanzar ningún cojín,
no quiero acomodarme para qué
si no hago más que sólo discutir
negándome el derecho de estar bien.
Torcer
las rectas del camino a enloquecer
me aleja del que debo de seguir
aunque no enseñe a ver este tropel
de chiribitas de mi ojo aprendiz.
la sangre preparada para arder
no es obra del diablo de arlequín.
Más vale que me vista por los pies
pero no encuentro ese otro calcetín.
Volver
a ser un vagabundo al discernir
compensa no escuchar el cascabel,
recordaré olvidarme del clarín
para hacer de esta farsa mi mantel.
Beber
colores de las frutas del dintel
me ayuda a soportarme junto a mí,
es fácil entender cada plantel,
me puede dar para sobrevivir.
Deber
lunares que te quieran perseguir
por las alcantarillas de la sed
es otro canto que no tiene fin,
harto de llevar la misma piel.
Querer
es suficiente sólo porque sí,
los osos no se aburren de la miel,
la miel que desconoce que, en abril,
su sueño se propaga en un burdel.
Correr
en contra de algún viento coronel,
de ejércitos, de brisas, de marfil,
supone estar robando un oropel
que nunca nadie quiso para sí.
Caer
tan alto y no alcanzar ningún cojín,
no quiero acomodarme para qué
si no hago más que sólo discutir
negándome el derecho de estar bien.
Torcer
las rectas del camino a enloquecer
me aleja del que debo de seguir
aunque no enseñe a ver este tropel
de chiribitas de mi ojo aprendiz.