mrtrigueros
Poeta recién llegado
Amabas la muerte,
para constatarlo derramabas gotas de mercurio
por tus muñecas abiertas,
sumergías tu cabeza de muñeca inacabada
en los frascos vacíos de los somníferos del llanto
y emprendías cada noche el camino agónico
hacia los muros del silencio,
el lugar exacto donde un Paris olvidadizo y triste,
defendía a Elena de los gritos inexactos,
de la muchedumbre de Wall Street,
de las largas escaleras espirales.
Muy abajo donde la ciudad termina,
donde las calles pierden su orden horizontal para abrazarse al mar,
y solo queda ya una bruma salina y pegajosa
que envuelve torpemente los cuerpos.
para constatarlo derramabas gotas de mercurio
por tus muñecas abiertas,
sumergías tu cabeza de muñeca inacabada
en los frascos vacíos de los somníferos del llanto
y emprendías cada noche el camino agónico
hacia los muros del silencio,
el lugar exacto donde un Paris olvidadizo y triste,
defendía a Elena de los gritos inexactos,
de la muchedumbre de Wall Street,
de las largas escaleras espirales.
Muy abajo donde la ciudad termina,
donde las calles pierden su orden horizontal para abrazarse al mar,
y solo queda ya una bruma salina y pegajosa
que envuelve torpemente los cuerpos.