Ensayo XXXIII

Childe Harold

Poeta recién llegado
En la ruina viva de los sueños vivos
yace moribunda la esperanza fría.
Un epitafio dulce de amor sufrido
en la carne muerta en su propia tinta,
se lee en la tumba; un pecho comprimido,
vestigios de pétalos y almas marchitas.

Volveras con una sonrisa en los labios
desde la fauces de la propia agonía.
Volveras culpable con lágrimas sucias,
crujiendo los dientes, abrazando a la ira.

Me iré sonriendo consciente del pecado,
un cilicio implacable que ya no lastima.
Me iré culpable con tu sangre en las manos,
masticando la furia inútil, vacía...​
 
En la ruina viva de los sueños vivos
yace moribunda la esperanza fría.
Un epitafio dulce de amor sufrido
en la carne muerta en su propia tinta,
se lee en la tumba; un pecho comprimido,
vestigios de pétalos y almas marchitas.

Volveras con una sonrisa en los labios
desde la fauces de la propia agonía.
Volveras culpable con lágrimas sucias,
crujiendo los dientes, abrazando a la ira.

Me iré sonriendo consciente del pecado,
un cilicio implacable que ya no lastima.
Me iré culpable con tu sangre en las manos,
masticando la furia inútil, vacía...​



Días sin leerte... no seas cruel que te echamos de menos... Un beso, lindísimo poema.
 

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