guillermo rasta
Poeta fiel al portal
Usualmente,
yo no sabia que hablabas,
hasta que te dije que me lo enseñaras,
pues yo quería aprender ese idioma tuyo,
tal barrera gran alta,
que no me dejaba ver esa alba,
esa curiosidad de la que me pude enamorar.
Entonces busca un nuevo estilo de enseñar,
que de ti mi mente se quiere ocupar,
aprenderé ese gran estallido,
que contigo será espacial.
Pues ahora quiero tomar
algo mas radical, que me distraiga
y me deje sin complaciencia
para que no me duerma y atenderte completa,
quizás desde los pies hasta la cabeza,
como una sola pintura, la mas bella.
Y si la gente habla,
pues son ignorantes,
ellos tienen miedo a esta gran bandera,
la cual es su guerra y no es mi guerra,
hombres ignorantes,
de lo que hablen,
de lo que callen.
No, no quiero quiero parar,
si deberé dudar,
solo te confío esa gran abilidad,
para tener un mismo código,
y que se fluya por mi canal
tan amplio,
sin un ruido o semejante
que no me haga comprender lo que hables.
Ah!
el dolor se quedó atrás
pues mi curiosidad te hizo soñar,
hasta que te comprendí,
hasta que te supe hablar,
y las palabras las saboreaste,
de este niño ignorante.
yo no sabia que hablabas,
hasta que te dije que me lo enseñaras,
pues yo quería aprender ese idioma tuyo,
tal barrera gran alta,
que no me dejaba ver esa alba,
esa curiosidad de la que me pude enamorar.
Entonces busca un nuevo estilo de enseñar,
que de ti mi mente se quiere ocupar,
aprenderé ese gran estallido,
que contigo será espacial.
Pues ahora quiero tomar
algo mas radical, que me distraiga
y me deje sin complaciencia
para que no me duerma y atenderte completa,
quizás desde los pies hasta la cabeza,
como una sola pintura, la mas bella.
Y si la gente habla,
pues son ignorantes,
ellos tienen miedo a esta gran bandera,
la cual es su guerra y no es mi guerra,
hombres ignorantes,
de lo que hablen,
de lo que callen.
No, no quiero quiero parar,
si deberé dudar,
solo te confío esa gran abilidad,
para tener un mismo código,
y que se fluya por mi canal
tan amplio,
sin un ruido o semejante
que no me haga comprender lo que hables.
Ah!
el dolor se quedó atrás
pues mi curiosidad te hizo soñar,
hasta que te comprendí,
hasta que te supe hablar,
y las palabras las saboreaste,
de este niño ignorante.