Nuria
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sumergida en la ofrenda de tus manos tersas
una luz somnolienta besaba mi cara,
mientras esculpías con tus dedos
un corazón en mi pecho.
Le pusiste latidos para que le sintiera
al mismo ritmo que el tuyo.
Adornaste con rosas rojas mis labios
dibujando una sonrisa habida muy a flor de piel,
adormeciendo mis pupilas
en la profundidad de tu mirada.
Parece que fue ayer cuando nos conocimos
y aquel arrullo suave que columpiaba la tarde,
callo en el marco de mi puerta,
muy por debajo de mi ventana
para sencillamente hacerme sentir
que estoy viva, que tengo esperanza
y que en la complicidad de una mirada
me tienes dulcemente reflejada.
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