Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy siento ganas
de partir mis puños contra la pared,
de gritar desesperado desde mi pecho,
para que se escuche al otro lado del murallón,
hoy siento ganas
de que pájaros picoteen mi imagen
de que ánimas arrullen mi desconsuelo,
para expiar la inmundicia que he atesorado,
desde que nací a esta Suciedad.
Hoy me siento enfermo de lágrimas
que se han vuelto hollín en el aire
brotando incesante desde las fábricas
sin apaciguar su latir constante,
y sollozo en un rincón
apretando mis dientes contra sus labios
que han desestimado mis besos
haber si de ellos brota la sangre,
que pálida por mi tierra deseo se riegue.
Hoy se ha roto mi garganta
de tanta llaga que absorbe mi piel
y me entrego servil al juego
juego que atiza el fuego
fuego incandescente que calcinó mis huesos
fundiéndose en ríos de lava,
que bajaron desde mis pupilas agobiadas
no permitiendo asirme de la primavera,
para entregarla a los sonámbulos de mi ciudad,
que se ahogan debajo de la complicidad.
Hoy me siento agotado
de recitar mis palabras al viento
pretendiendo magnificarlas en tempestad,
para que logren cruzar el abismo,
que lleven mi canto terrenal
desde mi cuarto capital
hasta las puertas de ésta sociedad,
que sucia pretende mis calles transitar
junto a sus parias predilectos,
que se ha esmerado en criar...
de partir mis puños contra la pared,
de gritar desesperado desde mi pecho,
para que se escuche al otro lado del murallón,
hoy siento ganas
de que pájaros picoteen mi imagen
de que ánimas arrullen mi desconsuelo,
para expiar la inmundicia que he atesorado,
desde que nací a esta Suciedad.
Hoy me siento enfermo de lágrimas
que se han vuelto hollín en el aire
brotando incesante desde las fábricas
sin apaciguar su latir constante,
y sollozo en un rincón
apretando mis dientes contra sus labios
que han desestimado mis besos
haber si de ellos brota la sangre,
que pálida por mi tierra deseo se riegue.
Hoy se ha roto mi garganta
de tanta llaga que absorbe mi piel
y me entrego servil al juego
juego que atiza el fuego
fuego incandescente que calcinó mis huesos
fundiéndose en ríos de lava,
que bajaron desde mis pupilas agobiadas
no permitiendo asirme de la primavera,
para entregarla a los sonámbulos de mi ciudad,
que se ahogan debajo de la complicidad.
Hoy me siento agotado
de recitar mis palabras al viento
pretendiendo magnificarlas en tempestad,
para que logren cruzar el abismo,
que lleven mi canto terrenal
desde mi cuarto capital
hasta las puertas de ésta sociedad,
que sucia pretende mis calles transitar
junto a sus parias predilectos,
que se ha esmerado en criar...
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