Nano Guzman
Poeta recién llegado
Me tiro en la silla contra la mesa.
Me gustaría que fuera un gran sillón,
uno caro, pero es de madera
barata contra un cuerpo sin color
en la derecha un vaso de whisky
en la izquierda un puño cerrado
en la nuca la fuerza de mi vivir
tomando todo con hielo, varado
en la puerta del absurdo te busco.
Navegar por añejo de doce años
y un recuerdo que dudo sea cierto.
Bajo la mirada y veo mi mano
camino al suelo, vacío el vaso,
mis ojos igual, ya no puedo llorar.
¿Será que te olvidé?... ¿Te olvidé?
Si es así, por qué todavía te busco.
Y la puta; será que nunca podré
olvidarte… entre tanto disturbio.
Entre mi cabeza y mi corazón
con mis manos rendidas y mis labios.
Cuanta duda y también cuanto cierto.
Es el olvido, al que me entierro
nadie me recuerda. ¡Nadie! Nadie más
quiere saber de mi, muchos aún me ven
muchos todavía me nombran, nadie más
quiere saber de mí. Si estuvieras
sería tan diferente, si me vieras
buscándote entenderías… Nadie más.
Me gustaría que fuera un gran sillón,
uno caro, pero es de madera
barata contra un cuerpo sin color
en la derecha un vaso de whisky
en la izquierda un puño cerrado
en la nuca la fuerza de mi vivir
tomando todo con hielo, varado
en la puerta del absurdo te busco.
Navegar por añejo de doce años
y un recuerdo que dudo sea cierto.
Bajo la mirada y veo mi mano
camino al suelo, vacío el vaso,
mis ojos igual, ya no puedo llorar.
¿Será que te olvidé?... ¿Te olvidé?
Si es así, por qué todavía te busco.
Y la puta; será que nunca podré
olvidarte… entre tanto disturbio.
Entre mi cabeza y mi corazón
con mis manos rendidas y mis labios.
Cuanta duda y también cuanto cierto.
Es el olvido, al que me entierro
nadie me recuerda. ¡Nadie! Nadie más
quiere saber de mi, muchos aún me ven
muchos todavía me nombran, nadie más
quiere saber de mí. Si estuvieras
sería tan diferente, si me vieras
buscándote entenderías… Nadie más.
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