Esteban Cruz Rodríguez
Poeta recién llegado
Y alimentare a los cuervos del otro espejo.
Que más da
Mi corazón, es victima de la belladona
que plantaste en él, y mi sangre, cruza
la Estigia, que yace debajo del azulejo.
Ellos llegaran también,
al mar de quietus, aquel más profundo,
aquel más silencioso.
Dentro de poco
El río del filósofo permanecerá estático
en el cosmos, y la lluvia se congelará
en el ojo de Polifemo.
Nuestra voluntad
es testigo del cayente crepúsculo;
de un horizonte sin retorno.
Finalmente
El alma se embalsa en la
barca de Caronte.
Y al fin, la concordia; el sueño del
príncipe que tajó con venganza
su camino.
Ahí está la respuesta
La despedida de mí empobrecido espíritu;
es aquella.
Que la absurda materia sea
devorada por insectos,
¡Que importa ya!
Ellos graznan entorno a mí,
y han de seguir graznando.
El cielo ya está oscuro,
al frente, se congela un riachuelo.
Que más da
Mi corazón, es victima de la belladona
que plantaste en él, y mi sangre, cruza
la Estigia, que yace debajo del azulejo.
Ellos llegaran también,
al mar de quietus, aquel más profundo,
aquel más silencioso.
Dentro de poco
El río del filósofo permanecerá estático
en el cosmos, y la lluvia se congelará
en el ojo de Polifemo.
Nuestra voluntad
es testigo del cayente crepúsculo;
de un horizonte sin retorno.
Finalmente
El alma se embalsa en la
barca de Caronte.
Y al fin, la concordia; el sueño del
príncipe que tajó con venganza
su camino.
Ahí está la respuesta
La despedida de mí empobrecido espíritu;
es aquella.
Que la absurda materia sea
devorada por insectos,
¡Que importa ya!
Ellos graznan entorno a mí,
y han de seguir graznando.
El cielo ya está oscuro,
al frente, se congela un riachuelo.