Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: Es posible que esta función no esté disponible en algunos navegadores.
Entiendo que mis besos
Entiendo que mis besos los guardas en tu pecho.
Una paloma, trémula, al nido cae,
y su trinar se esconde entre la greda.
Y un ala escapa, sola, sin bagaje,
hacia el rincón en que te escondes.
Entiendo que mis besos los cubres con tus rezos,
y cuando hablas no dejas que se escapen.
En la más recóndita de las galeras
mis besos hurgan y luego tiemblan.
Y ahí respondes, acogiéndome en tu boca.
Entiendo que mis besos se parecen a tus besos:
que brotan de mi pecho,
se escapan de mi boca,
y llegan a tu pecho y nadie más los toca.
Entiendo que tus besos son parte de mi pecho.
Y sólo tú los llevas cuando entras a mi boca.
Y nadie más te toca.
En cada arrullo te apareces. En cada encanto te presentas.
Tan vasta es tu mirada. Tan cerca va tu boca.
Y hay roces que devuelven con delicias tus miradas.
Te quiero en el silencio en que mis ojos te envolvieron:
Murmullo de mi boca; Lisonja hecha de rosa.
Te quiero como un labio en el instante en que te toca.
Aquel que paladea y penetra en tus aromas.
Crisálida de noche. Estero en horizonte.
Sonrisa vespertina de bella lejanía.
Te amo como el canto que nace de una aurora.
Mi alma es que te aclama. Mi beso te reclama.
Vibrante va mi boca y se desliza por tu boca.
Te encuentro en cada parte. Te vuelas al tocarte.
Te vuelves fantasía rotante y glamorosa.
Entiendo que es tu beso el que baja y me trastoca.
Entiendo que te amo y la pasión me anida y alborota.
Penetras mi silencio. Invado tus espacios.
Mi pecho se complace de caricias que trastornan.
Y nadie más te toca.
Mi beso sólo lleva el aroma de tu boca.
Mi beso sólo tiene los labios de tu boca.
Y nadie más te toca.
Salvador Pliego
::Entiendo que mis besos
Entiendo que mis besos los guardas en tu pecho.
Una paloma, trémula, al nido cae,
y su trinar se esconde entre la greda.
Y un ala escapa, sola, sin bagaje,
hacia el rincón en que te escondes.
Entiendo que mis besos los cubres con tus rezos,
y cuando hablas no dejas que se escapen.
En la más recóndita de las galeras
mis besos hurgan y luego tiemblan.
Y ahí respondes, acogiéndome en tu boca.
Entiendo que mis besos se parecen a tus besos:
que brotan de mi pecho,
se escapan de mi boca,
y llegan a tu pecho y nadie más los toca.
Entiendo que tus besos son parte de mi pecho.
Y sólo tú los llevas cuando entras a mi boca.
Y nadie más te toca.
En cada arrullo te apareces. En cada encanto te presentas.
Tan vasta es tu mirada. Tan cerca va tu boca.
Y hay roces que devuelven con delicias tus miradas.
Te quiero en el silencio en que mis ojos te envolvieron:
Murmullo de mi boca; Lisonja hecha de rosa.
Te quiero como un labio en el instante en que te toca.
Aquel que paladea y penetra en tus aromas.
Crisálida de noche. Estero en horizonte.
Sonrisa vespertina de bella lejanía.
Te amo como el canto que nace de una aurora.
Mi alma es que te aclama. Mi beso te reclama.
Vibrante va mi boca y se desliza por tu boca.
Te encuentro en cada parte. Te vuelas al tocarte.
Te vuelves fantasía rotante y glamorosa.
Entiendo que es tu beso el que baja y me trastoca.
Entiendo que te amo y la pasión me anida y alborota.
Penetras mi silencio. Invado tus espacios.
Mi pecho se complace de caricias que trastornan.
Y nadie más te toca.
Mi beso sólo lleva el aroma de tu boca.
Mi beso sólo tiene los labios de tu boca.
Y nadie más te toca.
Salvador Pliego
Entiendo que mis besos
Entiendo que mis besos los guardas en tu pecho.
Una paloma, trémula, al nido cae,
y su trinar se esconde entre la greda.
Y un ala escapa, sola, sin bagaje,
hacia el rincón en que te escondes.
Esta estrofa es un vuelo!!!!!!!!!!!!!!!
Entiendo que mis besos los cubres con tus rezos,
y cuando hablas no dejas que se escapen.
En la más recóndita de las galeras
mis besos hurgan y luego tiemblan.
Y ahí respondes, acogiéndome en tu boca.
Entiendo que mis besos se parecen a tus besos:
que brotan de mi pecho,
se escapan de mi boca,
y llegan a tu pecho y nadie más los toca.
Entiendo que tus besos son parte de mi pecho.
Y sólo tú los llevas cuando entras a mi boca.
Y nadie más te toca.
En cada arrullo te apareces. En cada encanto te presentas.
Tan vasta es tu mirada. Tan cerca va tu boca.
Y hay roces que devuelven con delicias tus miradas.
Te quiero en el silencio en que mis ojos te envolvieron:
Murmullo de mi boca; Lisonja hecha de rosa.
Te quiero como un labio en el instante en que te toca.
Aquel que paladea y penetra en tus aromas.
Crisálida de noche. Estero en horizonte.
Sonrisa vespertina de bella lejanía.
Te amo como el canto que nace de una aurora.
Mi alma es que te aclama. Mi beso te reclama.
Vibrante va mi boca y se desliza por tu boca.
Te encuentro en cada parte. Te vuelas al tocarte.
Te vuelves fantasía rotante y glamorosa.
Entiendo que es tu beso el que baja y me trastoca.
Entiendo que te amo y la pasión me anida y alborota.
Penetras mi silencio. Invado tus espacios.
Mi pecho se complace de caricias que trastornan.
Y nadie más te toca.
Mi beso sólo lleva el aroma de tu boca.
Mi beso sólo tiene los labios de tu boca.
Y nadie más te toca.
Salvador Pliego
Entiendo que mis besos
Entiendo que mis besos los guardas en tu pecho.
Una paloma, trémula, al nido cae,
y su trinar se esconde entre la greda.
Y un ala escapa, sola, sin bagaje,
hacia el rincón en que te escondes.
Entiendo que mis besos los cubres con tus rezos,
y cuando hablas no dejas que se escapen.
En la más recóndita de las galeras
mis besos hurgan y luego tiemblan.
Y ahí respondes, acogiéndome en tu boca.
Entiendo que mis besos se parecen a tus besos:
que brotan de mi pecho,
se escapan de mi boca,
y llegan a tu pecho y nadie más los toca.
Entiendo que tus besos son parte de mi pecho.
Y sólo tú los llevas cuando entras a mi boca.
Y nadie más te toca.
En cada arrullo te apareces. En cada encanto te presentas.
Tan vasta es tu mirada. Tan cerca va tu boca.
Y hay roces que devuelven con delicias tus miradas.
Te quiero en el silencio en que mis ojos te envolvieron:
Murmullo de mi boca; Lisonja hecha de rosa.
Te quiero como un labio en el instante en que te toca.
Aquel que paladea y penetra en tus aromas.
Crisálida de noche. Estero en horizonte.
Sonrisa vespertina de bella lejanía.
Te amo como el canto que nace de una aurora.
Mi alma es que te aclama. Mi beso te reclama.
Vibrante va mi boca y se desliza por tu boca.
Te encuentro en cada parte. Te vuelas al tocarte.
Te vuelves fantasía rotante y glamorosa.
Entiendo que es tu beso el que baja y me trastoca.
Entiendo que te amo y la pasión me anida y alborota.
Penetras mi silencio. Invado tus espacios.
Mi pecho se complace de caricias que trastornan.
Y nadie más te toca.
Mi beso sólo lleva el aroma de tu boca.
Mi beso sólo tiene los labios de tu boca.
Y nadie más te toca.
Salvador Pliego
Entiendo que mis besos
Entiendo que mis besos los guardas en tu pecho.
Una paloma, trémula, al nido cae,
y su trinar se esconde entre la greda.
Y un ala escapa, sola, sin bagaje,
hacia el rincón en que te escondes.
Entiendo que mis besos los cubres con tus rezos,
y cuando hablas no dejas que se escapen.
En la más recóndita de las galeras
mis besos hurgan y luego tiemblan.
Y ahí respondes, acogiéndome en tu boca.
Entiendo que mis besos se parecen a tus besos:
que brotan de mi pecho,
se escapan de mi boca,
y llegan a tu pecho y nadie más los toca.
Entiendo que tus besos son parte de mi pecho.
Y sólo tú los llevas cuando entras a mi boca.
Y nadie más te toca.
En cada arrullo te apareces. En cada encanto te presentas.
Tan vasta es tu mirada. Tan cerca va tu boca.
Y hay roces que devuelven con delicias tus miradas.
Te quiero en el silencio en que mis ojos te envolvieron:
Murmullo de mi boca; Lisonja hecha de rosa.
Te quiero como un labio en el instante en que te toca.
Aquel que paladea y penetra en tus aromas.
Crisálida de noche. Estero en horizonte.
Sonrisa vespertina de bella lejanía.
Te amo como el canto que nace de una aurora.
Mi alma es que te aclama. Mi beso te reclama.
Vibrante va mi boca y se desliza por tu boca.
Te encuentro en cada parte. Te vuelas al tocarte.
Te vuelves fantasía rotante y glamorosa.
Entiendo que es tu beso el que baja y me trastoca.
Entiendo que te amo y la pasión me anida y alborota.
Penetras mi silencio. Invado tus espacios.
Mi pecho se complace de caricias que trastornan.
Y nadie más te toca.
Mi beso sólo lleva el aroma de tu boca.
Mi beso sólo tiene los labios de tu boca.
Y nadie más te toca.
Salvador Pliego
Entiendo que mis besos
Entiendo que mis besos los guardas en tu pecho.
Una paloma, trémula, al nido cae,
y su trinar se esconde entre la greda.
Y un ala escapa, sola, sin bagaje,
hacia el rincón en que te escondes.
Entiendo que mis besos los cubres con tus rezos,
y cuando hablas no dejas que se escapen.
En la más recóndita de las galeras
mis besos hurgan y luego tiemblan.
Y ahí respondes, acogiéndome en tu boca.
Entiendo que mis besos se parecen a tus besos:
que brotan de mi pecho,
se escapan de mi boca,
y llegan a tu pecho y nadie más los toca.
Entiendo que tus besos son parte de mi pecho.
Y sólo tú los llevas cuando entras a mi boca.
Y nadie más te toca.
En cada arrullo te apareces. En cada encanto te presentas.
Tan vasta es tu mirada. Tan cerca va tu boca.
Y hay roces que devuelven con delicias tus miradas.
Te quiero en el silencio en que mis ojos te envolvieron:
Murmullo de mi boca; Lisonja hecha de rosa.
Te quiero como un labio en el instante en que te toca.
Aquel que paladea y penetra en tus aromas.
Crisálida de noche. Estero en horizonte.
Sonrisa vespertina de bella lejanía.
Te amo como el canto que nace de una aurora.
Mi alma es que te aclama. Mi beso te reclama.
Vibrante va mi boca y se desliza por tu boca.
Te encuentro en cada parte. Te vuelas al tocarte.
Te vuelves fantasía rotante y glamorosa.
Entiendo que es tu beso el que baja y me trastoca.
Entiendo que te amo y la pasión me anida y alborota.
Penetras mi silencio. Invado tus espacios.
Mi pecho se complace de caricias que trastornan.
Y nadie más te toca.
Mi beso sólo lleva el aroma de tu boca.
Mi beso sólo tiene los labios de tu boca.
Y nadie más te toca.
Salvador Pliego
Entiendo que mis besos
Entiendo que mis besos los guardas en tu pecho.
Una paloma, trémula, al nido cae,
y su trinar se esconde entre la greda.
Y un ala escapa, sola, sin bagaje,
hacia el rincón en que te escondes.
Entiendo que mis besos los cubres con tus rezos,
y cuando hablas no dejas que se escapen.
En la más recóndita de las galeras
mis besos hurgan y luego tiemblan.
Y ahí respondes, acogiéndome en tu boca.
Entiendo que mis besos se parecen a tus besos:
que brotan de mi pecho,
se escapan de mi boca,
y llegan a tu pecho y nadie más los toca.
Entiendo que tus besos son parte de mi pecho.
Y sólo tú los llevas cuando entras a mi boca.
Y nadie más te toca.
En cada arrullo te apareces. En cada encanto te presentas.
Tan vasta es tu mirada. Tan cerca va tu boca.
Y hay roces que devuelven con delicias tus miradas.
Te quiero en el silencio en que mis ojos te envolvieron:
Murmullo de mi boca; Lisonja hecha de rosa.
Te quiero como un labio en el instante en que te toca.
Aquel que paladea y penetra en tus aromas.
Crisálida de noche. Estero en horizonte.
Sonrisa vespertina de bella lejanía.
Te amo como el canto que nace de una aurora.
Mi alma es que te aclama. Mi beso te reclama.
Vibrante va mi boca y se desliza por tu boca.
Te encuentro en cada parte. Te vuelas al tocarte.
Te vuelves fantasía rotante y glamorosa.
Entiendo que es tu beso el que baja y me trastoca.
Entiendo que te amo y la pasión me anida y alborota.
Penetras mi silencio. Invado tus espacios.
Mi pecho se complace de caricias que trastornan.
Y nadie más te toca.
Mi beso sólo lleva el aroma de tu boca.
Mi beso sólo tiene los labios de tu boca.
Y nadie más te toca.
Salvador Pliego
MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.
✦ Hazte MecenasSin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español