Halloran
Poeta asiduo al portal
ENTONCES Y AHORA
Fue cuando la esperanza tenía nombre y pulso,
cuando las entrañas tibias de la juventud nos envolvieron.
Fue cuando aún la noche significaba risas
y cuando los excesos no nos dejaban señales.
Fue cuando en los recovecos internos del silencio
encontrábamos las palabras que sonaban fuerte
rebotando en las paredes de cada cuartucho
que compartimos hambrientos de deseo.
Entonces,
cuando la luna aún nos sonreía
sabiéndonos iguales a ella,
nos bebimos todas las botellas, todos los licores,
nos fumamos todos los cigarros, con y sin tabaco,
cantamos hasta el alba mil y una canciones
que no existían más allá de nosotros mismos.
Entonces,
las desnudeces creaban suspiros
y nos sabíamos uno con el mundo.
En nuestra unión fabricábamos universos paralelos
en los que no cabía contradicción alguna.
Es ahora cuando el tiempo nos mira y se nos ríe,
cuando la nostalgia no es tan sólo una palabra,
cuando los interludios festivos del devenir cotidiano
nos saben irremediablemente a demasiado poco.
Es ahora cuando apuramos cada segundo
como si del último segundo del último minuto se tratara,
cuando al mirar hacia atrás entornamos los ojos
y, allá a lo lejos, aún seguimos viéndonos.
Ahora,
todavía en tu piel suave me encuentro protegido
y tus abrazos me saben al mejor de los triunfos,
cuando habito en tus besos uno a uno
y por imposible que parezca aún me excito
con una sóla risa de tu boca en mi oído.
Ahora,
continuamos salvajes pero más civilizados,
comemos con cubiertos y usamos servilletas,
nos da la impresión de que hace nada comenzamos
a saber torpemente a andar en la bicicleta
que es el amor.
Fue cuando la esperanza tenía nombre y pulso,
cuando las entrañas tibias de la juventud nos envolvieron.
Fue cuando aún la noche significaba risas
y cuando los excesos no nos dejaban señales.
Fue cuando en los recovecos internos del silencio
encontrábamos las palabras que sonaban fuerte
rebotando en las paredes de cada cuartucho
que compartimos hambrientos de deseo.
Entonces,
cuando la luna aún nos sonreía
sabiéndonos iguales a ella,
nos bebimos todas las botellas, todos los licores,
nos fumamos todos los cigarros, con y sin tabaco,
cantamos hasta el alba mil y una canciones
que no existían más allá de nosotros mismos.
Entonces,
las desnudeces creaban suspiros
y nos sabíamos uno con el mundo.
En nuestra unión fabricábamos universos paralelos
en los que no cabía contradicción alguna.
Es ahora cuando el tiempo nos mira y se nos ríe,
cuando la nostalgia no es tan sólo una palabra,
cuando los interludios festivos del devenir cotidiano
nos saben irremediablemente a demasiado poco.
Es ahora cuando apuramos cada segundo
como si del último segundo del último minuto se tratara,
cuando al mirar hacia atrás entornamos los ojos
y, allá a lo lejos, aún seguimos viéndonos.
Ahora,
todavía en tu piel suave me encuentro protegido
y tus abrazos me saben al mejor de los triunfos,
cuando habito en tus besos uno a uno
y por imposible que parezca aún me excito
con una sóla risa de tu boca en mi oído.
Ahora,
continuamos salvajes pero más civilizados,
comemos con cubiertos y usamos servilletas,
nos da la impresión de que hace nada comenzamos
a saber torpemente a andar en la bicicleta
que es el amor.