Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Será cuestión de subir peldaños,
para luego descender como la lluvia,
seguir humano esfuerzo,
suplicando a los antiguos forjadores,
a los prójimos de antaño,
a los deudos feudales de las ciencias ocultas y reveladas usando un atisbo de colores de rojo, miel, paja y hiel.
Ya no existen los creyentes del fuego,
ni los ángeles ausentes ni las cruces,
ni más llanto que el gemido de cascada permanente decadente y decaída.
El hombre contínuo subleva la posible "bondad" de mis intentos,
y estalla la fiereza que reclama al súbdito real, su sangre eterna,
y exige la profunda libertad y la matanza.
¡Qué honorable conversar con mis entrañas!
¡Qué armonía soltar la patraña y soñar una vez más con la matanza!
Estamos en un borde,
al borde de otro vacío final de tantos otros que precisa El Universo,
de luces compartidas, portento negro y profundo,
hoyos negros, alma blanca,
alma inquieta,
marea y génesis.
para luego descender como la lluvia,
seguir humano esfuerzo,
suplicando a los antiguos forjadores,
a los prójimos de antaño,
a los deudos feudales de las ciencias ocultas y reveladas usando un atisbo de colores de rojo, miel, paja y hiel.
Ya no existen los creyentes del fuego,
ni los ángeles ausentes ni las cruces,
ni más llanto que el gemido de cascada permanente decadente y decaída.
El hombre contínuo subleva la posible "bondad" de mis intentos,
y estalla la fiereza que reclama al súbdito real, su sangre eterna,
y exige la profunda libertad y la matanza.
¡Qué honorable conversar con mis entrañas!
¡Qué armonía soltar la patraña y soñar una vez más con la matanza!
Estamos en un borde,
al borde de otro vacío final de tantos otros que precisa El Universo,
de luces compartidas, portento negro y profundo,
hoyos negros, alma blanca,
alma inquieta,
marea y génesis.
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