Mauricio Del Piano
Poeta recién llegado
Me esperabas entre la hierba
así como escondida,
soñando el juego del
más deseado de los frutos.
Yo me dejé ir
como deambulan las nubes en lo alto de lo cielos,
husmeando entre rayos de luna su fulgor
así tenue
me dejé ir entre la bruma malva de la noche,
la oscuridad: esa oquedad latente,
esperando por mí.
Tú sabes que las estrellas estuvieron ahí,
mas no alcancé a ver si reían
de nosotros
o cada titilar avivaba el fuego
de tu vientre y mi espera.
Sí; ahora sé que reían,
pero en cada sublime sonrisa
-como la noche-
eran cómplices de tu calor.
Tus gritos despertaron
a las aves de la noche
Ellos: cómplices, cuchicheando
al vaivén de nuestros cuerpos; ahí,
en la inmensidad.
¡Ay, mi amor!
No sabía qué era más eterno
si ese entorno de amor cósmico,
o la cosmogonía de tu cuerpo
en el mío.
así como escondida,
soñando el juego del
más deseado de los frutos.
Yo me dejé ir
como deambulan las nubes en lo alto de lo cielos,
husmeando entre rayos de luna su fulgor
así tenue
me dejé ir entre la bruma malva de la noche,
la oscuridad: esa oquedad latente,
esperando por mí.
Tú sabes que las estrellas estuvieron ahí,
mas no alcancé a ver si reían
de nosotros
o cada titilar avivaba el fuego
de tu vientre y mi espera.
Sí; ahora sé que reían,
pero en cada sublime sonrisa
-como la noche-
eran cómplices de tu calor.
Tus gritos despertaron
a las aves de la noche
Ellos: cómplices, cuchicheando
al vaivén de nuestros cuerpos; ahí,
en la inmensidad.
¡Ay, mi amor!
No sabía qué era más eterno
si ese entorno de amor cósmico,
o la cosmogonía de tu cuerpo
en el mío.