Metatron
Poeta fiel al portal
Deshojadas quedaron tus caricias
en las estelas silenciosas de mis manos,
lentamente fueron a morir en mi mejilla
como fugaces campanas que se apagaron.
Solo quedaron impregnados en las paredes
como invitados indeseados tus besos,
sombras ambiguas olvidaron tus placeres
en la moribunda copa de mis dedos.
¿Quién dijo que el silencio no abriga?
Pues la pulcra imitación de tu presencia
recorre el manto solitario de mis cenizas
y como escalofrío lleva a mi mente la decadencia.
Sombras en la cama se acomodan
y el efímero silencio remeda tu voz,
matices desolados de tu cuerpo se asoman
en las oscuras notas de nuestra olvidada canción.
La negrura inevitable de la muerte
comienza a inundar cada rincón,
mi refugio, una esquina incongruente
que se acorta, y se reduce al plácido segundo de un reloj.
En el poco aliento de razón que queda
entre las sábanas enmohecidas del silencio,
con desmesura, impaciente y desgarrante espera,
se devora a sí misma mi alma
cual si fueras tú quien la devorara,
seduciéndome a la tétrica causa de tu recuerdo...
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