infeliz?
Feliz
Vino a hablarme la brisa en la mañana
y la escuché con el fervor ocre de la tarde.
Vino a castigarme la cigarra entre las horas,
y acabé sanando al son de sus heridas.
Cuando encontré sentada a la amapola
al borde de un camino,
no dijo nada en su rubor silvestre,
y yo vi la belleza abandonada
tiñendo con sus lágrimas el campo,
como si desangrara hasta el ocaso.
(Hay nenúfares flotando sobre el agua
y hay un agua que se viste de nenúfares.
La Luna pone el último bordado
con un hilo de peces plateados,
y la fuente tiene un talle de gitana
con el chorro espumoso de volantes.)
Vinieron las luciérnagas más tarde,
con su perfume pálido de estrellas.
Me hablaron de los ecos de lo inmenso,
yo les conté que el mar bebe luceros
y galopa en caballos sobre el viento.
Cuando la noche abrió sus férreas puertas
para robarle al Sol velas y templo,
pude mirarme al fin frente a tus ojos
y adorarme en los brillos de tu abrazo,
y saciarme de luz entre tus besos.
Llegó hasta aquí a cantar la madrugada,
y su canción no sabe de luces ni de sombras.
El afanado ruiseñor va colgando sus trinos
de las ramas,
y teje una espesura de colores...
hasta el despunte tácito del alba.
Dedicado a Lupe, que está entre mis soles y sobre mis nubes
y la escuché con el fervor ocre de la tarde.
Vino a castigarme la cigarra entre las horas,
y acabé sanando al son de sus heridas.
Cuando encontré sentada a la amapola
al borde de un camino,
no dijo nada en su rubor silvestre,
y yo vi la belleza abandonada
tiñendo con sus lágrimas el campo,
como si desangrara hasta el ocaso.
(Hay nenúfares flotando sobre el agua
y hay un agua que se viste de nenúfares.
La Luna pone el último bordado
con un hilo de peces plateados,
y la fuente tiene un talle de gitana
con el chorro espumoso de volantes.)
Vinieron las luciérnagas más tarde,
con su perfume pálido de estrellas.
Me hablaron de los ecos de lo inmenso,
yo les conté que el mar bebe luceros
y galopa en caballos sobre el viento.
Cuando la noche abrió sus férreas puertas
para robarle al Sol velas y templo,
pude mirarme al fin frente a tus ojos
y adorarme en los brillos de tu abrazo,
y saciarme de luz entre tus besos.
Llegó hasta aquí a cantar la madrugada,
y su canción no sabe de luces ni de sombras.
El afanado ruiseñor va colgando sus trinos
de las ramas,
y teje una espesura de colores...
hasta el despunte tácito del alba.
Dedicado a Lupe, que está entre mis soles y sobre mis nubes
:: Dichosa de la musa ::
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